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NÚMERO DE SEMINARISTAS: ¿termómetro de la Iglesia?

Cuentan que el siempre provocador Castellani solía afirmar en sus tiempos: “En Buenos Aires faltan 50 curas y sobran 100”.

Probablemente yo estaría, para Castellani, en el grupo de los que “sobran”.

No obstante, recordé la mordaz afirmación cuando, días pasados, se debatió en diversos foros la cuestión del número de vocaciones y de la incidencia positiva o negativa de un Papa u otro en el “surgimiento” de las mismas. En los comentarios surgían todo tipo de aseveraciones, algunas muy acertadas y equilibradas, casi siempre reduccionistas y en algunos casos desde un desconocimiento completo de lo que es el proceso de selección y discernimiento.

Entre todas las afirmaciones, me parecieron bastante improcedentes aquellas que vinculaban el crecimiento o declinación del número de seminaristas a la influencia –y, por tanto, a la fecundidad- de un papado. A mi juicio, esto es erróneo, e intentaré mostrar por qué.

Vocaciones y vocaciones

Yo pensé durante mucho tiempo que el simple “número” de aspirantes al sacerdocio era un indicador necesariamente positivo de una diócesis o de una congregación.

Pero a medida que me fui adentrando un poco más, por mi propia experiencia en el Seminario, por el acompañamiento luego a otros jóvenes que ingresaban en la vida consagrada y por el conocimiento de algunas realidades eclesiales con desarrollos verdaderamente sorprendentes, me fui dando cuenta de que la cosa no era tan sencilla.

Algunos Seminarios, por ejemplo, tuvieron en sus períodos de apogeo una cantidad enorme de ingresos. Cuando uno indagaba un poco sobre el proceso previo de discernimiento, se daba cuenta de que esta había sido prácticamente inexistente. Bastaba el deseo del joven y una carta de un párroco entusiasmado para que el muchacho, pocos meses –o incluso semanas- después de pensar por primera vez en el sacerdocio, vistiera una elegante sotana. El párroco, orondo, llegaba algunas veces a jactarse ante su comunidad de los frutos de su pastoral juvenil y de cómo Dios los bendecía con vocaciones.

Otro fenómeno que descubrí tiempo después es que en ciertas congregaciones –y quizá también en algunas diócesis- la pastoral vocacional se realizaba con métodos poco respetuosos de la libertad de los sujetos. Así, hubo quienes afirmaron –e incluso escribieron- que “aunque el pensamiento de la vocación viniera del Demonio, hay que seguirlo”(sic). Otros predicadores, en el delicado contexto de unos Ejercicios Espirituales, afirmaron con rotunda claridad que “si alguien se plantea la posibilidad de ser sacerdote, es seguro porque tiene vocación”. Añadiendo algunas veces a esta temeraria afirmación “si alguien tiene vocación y no la sigue, se pone en riesgo o, más aún, casi firma el decreto de su condenación eterna”. Progresivamente fui descubriendo historias de seminaristas que estuvieron muchos años en la casa de formación y de sacerdotes que se ordenaron por puro miedo a condenarse, estando por dentro completamente aterrados y no siendo felices –pero sí mostrándolo- de su vocación.

Muchas de estas “vocaciones” mal discernidas o sostenidas bajo presión concluyeron con sus protagonistas abandonando pronto o más tarde bien su camino de formación, bien su vida sacerdotal o consagrada, algunas veces con escándalo y muchas con una cuota de resentimiento difícil de resolver.

¿A dónde quiero llegar?

No tengo una respuesta completa sobre este asunto, pero sí puedo afirmar –como lo han hecho antes de mí muchos otros-

# Que no es el número de seminaristas o novicios un indicador fiable para medir la vitalidad de una iglesia.

# Que no se puede juzgar a la distancia la autenticidad de un carisma o la santidad de un líder o de la fecundidad de una diócesis o congregación, sin conocer de primera mano quiénes, cómo y por qué están esos jóvenes en su camino.

# Que cada historia es diferente y cada camino de santidad es único.

# Que es necesario corrernos de un paradigma eficientista, centrado en las cifras y en lo visible.

# Que un criterio más certero sería, a mi juicio, analizar la vida sacerdotal o consagrada en el lapso de unos 10 o 15 años, y estudiar si se perciben equilibrio psíquico y espiritual, alegría en el ministerio o servicio, fidelidad verdadera. Esto es imposible hacerlo a nivel global.

#  Que la cuestión de las vocaciones y de la vocación es un verdadero misterio, que no se puede resolver estadísticamente. Y que debemos cumplir incesantemente –aunque no exclusivamente- con el único mandato que Jesús nos dejó al respecto: “pidan al dueño del campo que envíe obreros a su mies”.

Para que así, estén los que deben estar. Y no suceda que, como decía el jesuita argentino, “falten muchas vocaciones… pero sobren demasiadas”

P. Leandro Bonnin

Fuente: http://infocatolica.com/blog/ite.php

11 síntomas de que tu comunidad se está enfermando de sectarismo

Por Mauricio Artieda

Lo sé, lo sé, el título no es nada alentador, pero déjenme explicarles por qué creo que responde correctamente a la realidad que quiero tratar. Vivimos un tiempo muy duro para toda la Iglesia, un tiempo de dolor y vergüenza por distintos tipos de escándalos: sexuales, económicos, políticos, etc.

Estoy casi seguro de que cada uno puede recordar un hecho triste sobre la Iglesia, un sacerdote o comunidad, que lo ha afectado de manera personal y espiritual. No quiero sonar demasiado dramático; este, paradójicamente, también es un tiempo de enorme esperanza, lleno de signos hermosos que nos envía el Espíritu Santo y eso es innegable.

Sin embargo, para distinguir el trigo de la cizaña hay que ensuciarse las manos. Hay que evaluar, reflexionar, dar un nombre y poner en la oración, aquellas cosas que le hacen mal a la Iglesia, con la esperanza de poderlas cambiar y así renovar nuestro testimonio de auténticos discípulos de Cristo.

Dicho esto, me interesa hablar de las comunidades religiosas, laicales o parroquiales que, de distintos modos y por distintas razones, muchas veces sin la plena consciencia de sus miembros y por el seguimiento acrítico de un líder carismático, empiezan a encerrarse en sí mismas hasta el punto de perder —en la práctica— la riqueza, la sabiduría, el consuelo y el acompañamiento que implica su pertenencia a la Iglesia.

Así llegan a desarrollar, casi como una enfermedad, características de estilo sectario: fanatismo, intransigencia, rigorismo, victimización institucional, egocentrismo, triunfalismo, idealización de las autoridades, voluntarismo,… y la lista podría continuar.

Lamentablemente, no son pocas las comunidades que en la actualidad se han contagiado de esta enfermedad y le han hecho un grave daño a toda la comunidad eclesial y a las personas que, directa o indirectamente, han perdido la fe por su pobre testimonio cristiano.

Sin contar las comunidades que ya han sido investigadas y en este momento se encuentran en un proceso de sanación y acompañamiento, actualmente la Iglesia investiga a más de una docena de fundadores y evalúa la calidad de la vida religiosa de las comunidades que iniciaron. Así están las cosas.

¿A qué voy con todo esto? Pues a que la cosa no parece un problema aislado ni una infeliz coincidencia. Algo está pasando.

 

Para ser completamente sincero, no es un argumento del cual me sea fácil hablar, pero creo que las reflexiones que vendrán a continuación —muy personales, por cierto— pueden dar algunas luces para que cada uno haga un examen de conciencia y evalúe si su comunidad, parroquia o movimiento, ha comenzado a experimentar alguno de los siguientes síntomas:

1. Los ángeles no son santos

Así de simple: los ángeles no son santos. Y cuando un ser humano comienza, por iniciativa propia o por estupidez de quienes lo rodean, a llenarse de atributos angelicales, entonces no le hacemos ningún favor creyéndolo un santo. ¿Por qué? Simplemente porque no lo es. Es un ser humano pecador como cualquier otro que necesita el sostén y el aliento de la gracia y de sus hermanos.

A través de una alabanza que no le corresponde, no hacemos otra cosa sino allanar el terreno para que el demonio engañe y subyugue a esa persona. Ojo, nadie niega que estos hermanos puedan ser personas muy virtuosas y abnegadas. El punto es que ningún ambiente de adulación constante es saludable para el ser humano.

El mismísimo Papa nos recuerda sin descanso que él también es un pecador y que necesita de nuestra oración. ¿Por qué lo hace? ¿Por qué no son pocas las personas que se asustan cuando el Papa dice algo así? ¿Acaso no nos faltará un poco de más de realismo cristiano?

Si en tu comunidad existen hermanos o autoridades tratados casi como objetos de devoción, cuyas palabras son como páginas del Evangelio que llueven desde el cielo, es importante tener cuidado y ser muy conscientes de que el demonio se aprovecha de estas situaciones para tejer sus redes.

Ojo, seguramente esta persona es muy buena y dice cosas muy ciertas, nadie lo niega, ¡por algo tiene un puesto de servicio importante, ¿no?!, y no se trata de buscarle pecados o yerros a partir de ahora, se trata de saber que los tiene, que necesita consejo y compañía, que está tan necesitado del perdón y de la Gracia de Dios como lo estamos tú y yo.

Aunque te duela, si crees sinceramente que se equivoca o que está abusando de su autoridad, corrígelo con humildad; es decir, ámalo.

2. La lógica de negros y blancos oculta el temor a los grises

Hay que tener cuidado con las narrativas de negros y blancos, buenos y malos, fieles e infieles, sanos y enfermos, etc. Estas se pueden aplicar a la política, a la vida espiritual y a tantas otras realidades pasando por nuestras comunidades, e incluso a nosotros mismos.

Es un modo infantil de leer la realidad que hace que las lecturas sean muy cómodas. Estás aquí o estás allá. Es progresista (negro) u ortodoxo (blanco), ese es un obispo fiel (blanco) o infiel al Papa (negro), es un tipo que abandonó la vida religiosa (malo) o uno que perseveró (bueno).

Sin querer caer en el relativismo ni negar que hay acciones y actitudes objetivamente equivocadas, me parece que esta es una típica lógica sectaria que teme la existencia de los grises.

En la vida, disculpen, creo que los grises son la mayoría y son incómodos porque sus tonos provienen de la complejidad de la realidad y no encajan dentro de nuestro modo etiquetador, categórico, ideológico, y muchas veces simplista, de pensar. Es algo que me parece que el papa Francisco está combatiendo con mucha fuerza durante su pontificado.

Me atrevería incluso a afirmar que Cristo fue un enorme gris para las expectativas de los judíos que esperaban al Mesías. Solo los hombres valientes, esos que lograron romper con el sectarismo y la lógica de los blancos y negros, lograron aceptar el gris de Jesús; es decir, un Mesías glorioso, sí, pero cuya gloria brilló en la humildad, la misericordia y la humillación.

Hoy en día —tal vez hoy más que nunca—¿tu comunidad es capaz de distinguir las tonalidades de la realidad, o todo pasa por el filtro del blanco y el negro?

3. El mundo se puede cambiar, pero lo cambia la Iglesia

No importa si formas parte de una reconocida élite intelectual católica, de un grupo o movimiento con cientos de vocaciones al año, o de una parroquia atiborrada de fieles todos los domingos, el día que comiencen a sentir el aguijón de la vanagloria y empiecen a sentirse la almeja con la perla en medio de un montón de moluscos vacíos, ese día, para ustedes, inició un cisma espiritual que, de no detenerse, los terminará alejando de la única fuente de gracia que Dios le ha regalado al mundo: la Iglesia.

“Pero es que la Iglesia es…”¡Sí! La Iglesia es frágil y pecadora, los obispos están lejos de ser perfectos, no sabemos hablarles a los jóvenes y las parroquias todavía no están en Twitter… y aun así Dios la quiso a ella para derramar su gracia en el mundo.

La Iglesia aplaude los logros y las cosas buenas que hacen las comunidades, pero en sus dos mil años de historia su sabiduría la lleva a ser cauta con los triunfalismos y las fórmulas temporales de éxito, ella sabe que la acción de Dios es misteriosa y también actúa en lo sencillo y lo humilde, en las aparentes derrotas y, sobre todo, a través de la oración y la cruz.

La Iglesia es un sacramento universal de salvación, no una asociación estratégica de conversión y canalización de la vida cristiana; en otras palabras, nos fundó Jesucristo, no Gramsci (¡gracias a Dios!).

4. Integrar la propia fragilidad

Todos tenemos heridas. Las heridas están en nuestro pasado, las cargamos en el presente, y tal vez, casi con certeza, las tendremos en el futuro.

En la vida hay fracasos y frustraciones y conocer a Cristo y ser cristianos —incluso consagrados—no nos exime de tener que hacer la cola del sufrimiento y la derrota, tampoco nos da derecho a colarnos para sufrir menos, lo único que significa es que llevamos en el corazón la seguridad de que esa frustración personal y ese dolor no son más fuertes que el amor de Dios, y que esa certeza crece cuando la compartimos con quienes, como nosotros, avanzan en la fila hacia el check-in de la vida.

Las comunidades, sea la que sea, tienen que formar hombres que anhelen y busquen la santidad: eso significa preparar seres humanos —laicos y consagrados—para aceptar también sus derrotas y sus miserias.

Después de algunos años buscando ser santo de la manera equivocada, ahora creo sinceramente que la santidad es dejarse amar por Dios y tratar, poco a poco, de que Dios ame a través de nosotros; evitando, claro que sí, que nuestro pecado distorsione ese amor, pero sabiendo que a veces nuestras heridas son canales privilegiados por donde el amor de Dios nos colma y se irradia a los demás.

5. Integrar la propia personalidad

Una misma comunidad, carisma, espiritualidad o disciplina, no quiere decir una misma personalidad, ideas, ritmos, estudios, expectativas, anhelos, deseos, peinados, etc. Esto san Pablo lo tenía clarísimo, pero, al parecer, muchas comunidades en la actualidad no lo hemos tenido muy claro.

Así como con la lógica de los blancos y negros (que he descrito líneas arriba), la uniformización también es un modo de evadir la realidad y de no dejarla interpelarnos. ¿Por qué? No soy sociólogo ni psicólogo, pero no se necesita serlo para darse cuenta de que la uniformización es más fácil de controlar que la diversidad.

Desde el punto de vista de la persona que participa en una dinámica de uniformización y renuncia a algunos rasgos importantes de su propia personalidad y manera de ser, la experiencia también es muy dura y la vida cristiana, laica o consagrada, se va haciendo cada vez más penosa y cuesta arriba hasta el punto no lograr comprender más por qué las promesas de Dios no se cumplen en la propia vida.

6. El carisma no es principalmente aquello que nos distingue de los demás

Haré mías algunas de las reflexiones del P. Rupnik en esta conferencia para explicar este punto. No es nada extraño que algunas comunidades piensen que el carisma que han recibido es aquello que los distingue de otras instituciones eclesiales. Pero la verdad es que el carisma es todo lo contrario: es el sello indeleble de nuestra pertenencia a la Iglesia y de nuestra condición de miembros del cuerpo de Cristo.

Y bueno, claro que es don especial, por supuesto que es un regalo único para cada comunidad, pero la realidad hay que pensarla en el orden correcto: el carisma, en primer lugar, es un precioso signo de comunión y hermandad dentro del cuerpo y la misión de la Iglesia. Rumiar el carisma para cobijar pensamientos y sentimientos de diferencia, separación, y hasta superioridad, es la mejor manera de despreciar la razón por la que Dios gratuitamente nos lo entregó.

Pensemos en los mosaicos y en los frescos de las Iglesias medievales. Ninguno de ellos estaba completo. Cada imagen se conectaba, de alguna manera, con otra imagen, y todas ellas formaban, junto con el ábside, los retablos, el altar, etc., un solo y potentísimo mensaje catequético sobre la unidad, la belleza, el amor o la verdad de Dios.

7. “Sean perfeccionistas como el Padre es perfeccionista” (¿Uh?)

Es esencial comprender qué es lo que entendemos por virtud, ascesis y búsqueda de perfección.

Lamentablemente en muchas comunidades, especialmente en los años de formación de la vida consagrada o religiosa, pero también en instituciones laicales, la búsqueda de una reconstrucción de la humanidad caída ha sido equivocadamente prioritaria y alejada de una sana teología de la gracia. ¿A qué me refiero? A que el individuo, como dice el P. Rupnik, cuando recibe la vida de Dios, muere.

No hay perfección humana que pueda sostenerse cuando Dios nos visita y nos muestra lo frágiles y pequeños que somos delante de Él y de la misión que nos tiene encomendada. La verdadera ascesis lleva a la contrición del corazón y no a su entumecimiento fruto del orgullo y la autosuficiencia.

Ese es el mejor modo de preparar la perfección a la que estamos llamados. Y digo “preparar” intencionalmente, porque es Dios quien nos hace perfectos regenerándonos en su hijo, gracias al poder del Espíritu Santo que ha prometido a la Iglesia. Es decir, no es una perfección individual. Los santos no son self-made men; es más, simplemente no existirían si no existiera la Iglesia católica.

8. Cuando nos enamoramos de las obras

Otro síntoma es la importancia desmedida de los proyectos apostólicos. Llega un punto donde tener grupos, parroquias, iniciativas, colegios o universidades se vuelve lo más importante. Claro, la razón es el apostolado y la evangelización y eso está muy bien, pero hay un momento donde el demonio se aprovecha de nuestro activismo y trastoca las cosas.

Los proyectos también generan presencia eclesial, admiración, poder, etc., y si una comunidad no hace un constante examen de conciencia puede comenzar a empujar a las personas a vivir en función de dichos proyectos.

La oración, el fundamento espiritual, y el origen apostólico de todas esas obras se empieza a perder y se comienza a vivir en función de las gratificaciones mundanas y secundarias que estos proyectos generan. Es una lástima, pero estas cosas pasan y hay que estar alerta. Se pueden cometer muchos abusos y hacer mucho daño cuando las obras ocupan un lugar más importante que las personas. Ejemplos los hay en cantidades.

9. Las críticas a la comunidad

Ninguna comunidad está exenta de críticas. Hay laicos, sacerdotes y obispos que a veces no están de acuerdo con las cosas que una determinada comunidad hace. De vez en cuando hay hermanos dentro de la comunidad que expresan juicios negativos. En mi opinión el modo de reaccionar de una comunidad ante las críticas externas e internas es un gran termómetro que mide y regula el nivel de sectarismo.

¿La comunidad es capaz de hacer una auto-crítica? ¿Disentir está permitido y las opiniones contrarias u objeciones a ciertas prácticas son escuchadas y tomadas en cuenta? ¿O se aplica la lógica de blancos y negros donde quienes están en desacuerdo son tachados automáticamente de “comunistas”, “progresistas”, “enfermos”, “loquitos” o “acomplejados”?

Por otro lado, cuando se trata de una situación interna, ¿cuán libres se sienten (sí, sí, ¡se sienten! he usado el verbo correcto) los miembros de criticar algunas prácticas y proponer mejoras al modo de hacer las cosas? ¿Cuán libres se sienten los miembros de criticar actitudes de abuso o maltrato por parte de sus autoridades? Todas estas son preguntas importantes que toda comunidad y sus miembros deben hacerse con mucha seriedad.

10. La obediencia es un tesoro, ¿lo sabe la autoridad?

El ejercicio abusivo de la obediencia ha causado graves daños en varias comunidades. Creo que todos lo sabemos. Muchos de los puntos que he tocado en este recorrido de síntomas son factores que crean un clima inadecuado para un ejercicio sano de la obediencia religiosa.

Me explico, si una comunidad está enferma de perfeccionismo voluntarista, si pone las obras por encima de las personas, si despersonaliza a sus miembros a través de un modelo único de comportamiento, si es inmune a las críticas y sus miembros no se sienten libres de alzar la voz para criticar prácticas inadecuadas, etc., etc., pues la obediencia lamentablemente se desvirtúa y pasa, de ser un regalo de Dios para vivir el desapego personal y la unión amorosa a su plan, a ser un instrumento del cual se puede aprovechar para crear y mantener dinámicas de abuso, censura y encierro ideológico.

Lamentablemente, a este cuadro tenemos que añadir algunos casos de violencia sexual que, por desgracia, directamente o indirectamente han ocurrido valiéndose de una relación de obediencia.

Lo duro cuando hablamos del voto de obediencia es que toca fibras muy íntimas en el corazón de un religioso o laico consagrado. Cuando una persona acepta libremente su voto o compromiso de obediencia se pone en manos de Dios y acepta la mediación y la ayuda de un hombre (o una comunidad) para discernir lo que Dios quiere de él. Renuncia a dirigir su propia vida con total autonomía porque un pedazo de esa libertad ha decidido ponerla en manos de un Dios que no puede traicionarlo.

Cuando un superior abusa de su autoridad y maltrata a un religioso es muy difícil no involucrar al Señor en el conflicto y decirle: “confié en ti y me traicionaste”.

Por eso la autoridad no puede ser un premio para los mejores ni un rango jerárquico al estilo militar: la autoridad, como dice el Papa, es un servicio hermoso donde el superior abre las manos y el religioso deposita la perla preciosa de su confianza y su esperanza en la bondad de Dios.

Por esta razón, el ejercicio respetuoso de la autoridad y la comprensión del valor enorme del voto o compromiso de obediencia son dos claves en la experiencia de una comunidad religiosa sana; y, por el contrario, son dos termómetros—casi matemáticos—del sectarismo presente o latente en una comunidad religiosa.

11. ¿Cómo se trata a las personas que abandonan la comunidad?

Este punto lo añadí una día después de publicar el artículo. ¡Casi lo olvido! Un síntoma muy fuerte de sectarismo es tratar con indiferencia, rencor o desprecio a los ex-miembros de la comunidad. E inclusive se puede llegar al extremo de tratar con desconfianza a los miembros que mantienen relaciones con las personas que se retiran de la institución.

Voy a ser muy claro: esto no viene de Dios, es una actitud demoniaca que golpea muy duro a las personas que durante muchos años entregaron su vida al servicio de la comunidad. ¿Somos capaces de entender esto? Que de un momento a otro, por el hecho de haber decidido dejar el movimiento, el grupo o la familia espiritual —por las razones que fueran—, los compañeros y los amigos que hiciste ahí te cierren las puertas y te traten con distancia y sospecha, ¿no crees que puede ser un golpe que puede dañar seriamente a la persona?

Por último, ¿qué hacer si mi comunidad, movimiento o parroquia, tiene uno o varios de estos síntomas?

Disculpen si es que no profundizo demasiado en esto, pero este artículo ya está bastante largo. Creo que el consejo más importante es el siguiente: es muy sano conversar con personas buenas, sabias y bienintencionadas externas a la comunidad. Puedes hablar con tu obispo o con algún sacerdote amigo que pueda darte luces y una opinión imparcial.

Si la situación fuese muy grave tienes todo el derecho de tener un confesor o un consejero espiritual externo a la comunidad. Nadie puede decirte a quién le abres tu conciencia ni tu fuero interno.

De ese acompañamiento o amistad pueden surgir puntos de vista diferentes  y nuevos ánimos que te ayudarán a mirar las cosas con más libertad y a ganar confianza para ayudar a tu comunidad a sanar aquellos síntomas que tú crees que la puedan llevar a enfermarse más seriamente.

¿Un consejo más? No te quedes callado. Mide tus palabras pero habla, comenta lo que crees que está mal a pesar de que puedas estar equivocado. No te pelees, reza mucho lo que quieres decir pero no rehuyas a tu deber de evidenciar los síntomas de los cuales hemos hablado.

Estos consejos o cualquier otro que te pueda dar se resumiría en: mira a la Iglesia, respira con la Iglesia y busca la ayuda de la Iglesia. La Iglesia es madre, es sabia y es tierna. No desconfíes nunca de ella, porque en el mar borrascoso en que nos toca navegar, Ella es la única embarcación segura porque, a pesar de todas sus fallas, ha sido construida por Dios y su Capitán sabe muy bien lo que hace. El antídoto contra el sectarismo se llama catolicismo.

Por Mauricio Artieda

Fuente: https://es.aleteia.org/2017/06/19/11-sintomas-de-que-tu-comunidad-se-esta-enfermando-de-sectarismo/

Empecinamiento terapéutico

Únicamente debe elegirse el atajo

 cuando estamos seguros

de alcanzar íntegramente

 la meta que buscamos en ese atajo.

Y esta meta no se podría alcanzar

si al hombre no se le permitiese pecar.

Santo Tomás de Aquino

 

Primer Acto: Iatrogenia

Escena I

 

Enfermera – El paciente tiene fiebre.

Doctor – Antibióticos. Amoxidal 500 cada ocho horas.

 

Escena II

 

Enfermera – El paciente sigue con fiebre.

Doctor – Antibióticos. Amoxidal 1000 cada ocho horas.

 

Escena III

 

Enfermera – El paciente sigue con fiebre.

Doctor – Antibióticos. Dos pastillas de Amoxidal 1000 cada ocho horas.

 

Escena IV

 

Enfermera – El paciente sigue con fiebre.

Doctor – Antibióticos. Cuatro pastillas de Amoxidal 1000 cada ocho horas.

 

Escena V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV, XVI and so on….

 

Nota del escritor: Sigue todo igual, como usted ya sospechaba, vaya cambiando el número de pastillas según la progresión logarítmica usada por el doctor (aquí, estimado lector, las matemáticas le habrían venido bien, ¡no solo de humanidades vive el hombre!), y podrá reconstruir cada una de las escenas, sepa perdonar nuestro tedio y aburrimiento.

 

Escena XVII

 

Enfermera – El paciente sigue con fiebre.

Doctor – Antibióticos. Kilo y medio de Amoxidal 1000 cada ocho horas.

 

Escena XVIII

 

Enfermera – El paciente ha muerto de insuficiencia renal a causa de los antibióticos.

Doctor – Ok. ¿Nuestro próximo paciente?

 

Escena XIX

 

Sócrates – La autopsia del paciente dice que no tenía ninguna infección. La fiebre era por alergia a la penicilina.

Doctor – ¡Peor para él!¡Que se joda por obcecado, terco, testarudo, obstinado, tozudo,  tenaz, insistente, empecinado, empedernido, intransigente, intolerante, murmurador, mal espíritu, indócil, revolucionario, sedicioso, rebelde, revoltoso, insurrecto, agitador, turbulento, alborotador, provocador, subversivo, tumultuoso, conspirador, conjurado, amotinado, faccioso, insurgente, sublevado, levantisco, pistolero, incendiario y terrorista!

Doctor después de respirar para seguir hablando porque había dicho toda la lista de epítetos con una sola inspiración –¡Que se joda por no tener la enfermedad que yo había diagnosticado!

Doctor mirando a Sócrates – ¿Y vos?¿Qué hacés acá que no tomaste la cicuta? ¡Así no te vas a sanar!

Sócrates pensando para sí – ¿Cómo es que se sorprende de que esté acá e infiere que no me he tomado la cicuta? Si la cicuta fuese buena, ¿no debería haber inferido que me curó y por eso estoy acá? ¿por qué empalideció al verme llegar?¿No se tendría que haber puesto contento?

 

Segundo Acto: Yotengoelpoderdecurartodaenfermedadespiritualprescindiendodellibrearbitriodelotrogenia

o

Tehagosantoalafuerzacarajo!!!genia

 

Escena I

Aldopetti – Estamos perdiendo vocaciones, el 50% de los ordenados han abandonado el Instituto.

Eterno – Hay que controlar, hay que vigilar, patrullar, inspeccionar, examinar, registrar, fiscalizar, supervisar, observar, acechar y espiar.

 

Escena II

Aldopetti – Nuestros sacerdotes son inmaduros, inestables, apenas duran promedio un par de años por destino.

Eterno – Hay que controlar, hay que vigilar, patrullar, inspeccionar, examinar, registrar, fiscalizar, supervisar, observar, acechar y espiar. Más.

 

 

Escena III

Aldopetti – Nuestros curitas son infantiles, parecen seminaristas con órdenes sagradas.

Eterno – Hay que controlar, hay que vigilar, patrullar, inspeccionar, examinar, registrar, fiscalizar, supervisar, observar, acechar y espiar. Más, más, mucho más.

 

Escena IV

Aldopetti – Al principio andan bien, dos o tres años, lo que les dura la inercia del seminario, pero después empiezan a sentirse adultos y comienzan los problemas.

Eterno – Hay que controlar, hay que vigilar, patrullar, inspeccionar, examinar, registrar, fiscalizar, supervisar, observar, acechar y espiar. Más, más, más, más, mucho más.

 

 

Escena V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV, XVI and so on….

 

Nota del escritor: Sigue todo igual, como usted ya sospechaba, vaya cambiando el número de “más” según la progresión logarítmica usada por el Eterno (aquí, estimado lector, las matemáticas le habrían venido bien, ¡no solo de humanidades vive el hombre!), y podrá reconstruir cada una de las escenas, sepa perdonar nuestro tedio y aburrimiento.

 

Escena XIX

Sócrates  – Ya está le reventaron la cabeza a todos los pibes, los más sanos huyeron como rata por el tirante, no sin gravísimas consecuencias, y los que quedan se enanizan psíquica y espiritualmente para ser funcionales al sistema, bonzais de hombre.

Eterno  – La culpa es de…. – Y allí el primer sopapo le partió la cara, Sócrates arrebatado de santa ira no le dejó un diente en su lugar. Hay veces que ponerse simplemente a escuchar semejante hijaputez es volverse cómplice, darles estatus de seriedad o de buena intención es sentarse a la mesa de la hipocresía. Lo más sano es un basta socrático, que en algún lado nuestra alma anheló la catarsis crística contra los mercaderes del templo, y que ni Cristo pudo saciar agarrando a azote limpio al fariseo. Ese nudo en la garganta taponado a fuer de dobleces arteros tal vez nunca lo podamos desatar, pero qué bueno es poder imaginar un Sócrates de puños ensangrentados….

 

Hermes

 

 

 

Delirios y cálculos de fray Calculetti

        Hoy fray Jeronimiano estaba de buen humor. Las carcajadas se escuchaban desde el corredor, así que lo fui a ver para pedirle un poco de mesura, porque varios cofrades estaban un poco molestos.

–«Es que no puedo, ¡no pue, pue, pue- doo! ¡juuaaa, jua, jua, jaaaaa!». Mientras me respondía, trataba de contener la risa, y de secarse las lágrimas que le causaban sus propias carcajadas. Entonces pensé que lo conveniente era apuntar a distraerle un poco la atención, haciéndolo hablar.

–«Pero ¿qué fue lo que pasó, a qué se debe esta inconsueta hilaridad?».

–«Jaaa…». En fin, pensé que la cosa no iba a funcionar, pero poco a poco Fr. J. del Rey  fue recobrando la compostura y empezó a contarme.

–«Es que son los recuerdos de algunas cosas de Fr. Calculetti. No sé porqué pero hoy me vinieron a la mente y… jaaa, ja, ja, jaaaa». Parecía que la cosa se largaba de vuelta.

–«Pero contáme, qué cosas».

–«Mirá. El día que se recibió de doctor, durante la minifiestita, se mandó una calculeada típica, pero típica, típica de él. Se preguntó en público y en voz alta cuál era el lapso de tiempo que la Iglesia consideraba para estudiar el ejercicio heroico de las virtudes, y después de haberse enterado de que se consideraban los diez últimos años de vida, ¡se puso a calculear cómo sería la situación con el fundador!».

–«¡Jaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!».

–«Perá, perá –me dijo–, esperá que viene otra. La segunda es monumental. Apenas lo nombraron superior, dijo en público que, así como san José conserva en el Cielo una cierta autoridad sobre Jesús, porque fue su padre putativo en la tierra, así también ¡se conservará en el Cielo la relación de superior-súbdito!».

–«¡JAAAAAAAAAAAAAAA!!».

–«Pará, pará, ¡bajá la voz vos ahora! Viene la otra. La tercera es mejor todavía. Se puso el disfraz de filósofo y largó la filosofía de la obediencia».

–«¿Filosofía de la obediencia?».

–«Sí, por supuesto, más cuadriculada que los ejes cartesianos. Su teoría era la siguiente: así como la forma informa toda la materia y no queda ningún margen de la materia sin ser informado por la forma, por la obediencia el superior se compara al súbdito como la forma a la materia y entonces ningún aspecto de la vida del súbdito tienen que estar al margen del control del superior».

–«¡JAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!! ¡JUAAAA, JUA, JUA, JUAAAAAAAAAAAAAA!!!».

–«¡JUUUAAAAAAAA, JAA, JUAAA!».

 

Se ve que nuestras carcajadas se hicieron sentir, porque enseguida vinieron varios cofrades a golpear la puerta de la celda de Fr. Jeronimiano para pedirnos un poco de mesura.

Es difícil. Todavía nos estamos riendo.

 

 

Fr. Juan del Monte

 

“Cambio de hábito”: las fotos “kamikazes”

El siguiente post, tragicómico, se inspira en la comedia musical “Sister Act”, más conocida como “Cambio de hábito.

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“¡Es un atentado, es un atentado…!”, gritaba exasperada la Mataraza directiva, corriendo de aquí para allá, sin saber qué hacer ante la explosión. El pánico cundió en las demás Matarazas, que empezaron a correr y a repetir al unísono por los pasillos de la Escuela: “¡Es un atentado, es un atentado…!” El cuchicheo se convirtió en un gran bochinche. La Escuela de Matarazas estaba en una situación de “terror”: para el próximo año varias plazas se iban de baja, ya que sabían que determinadas familias retirarían a sus pollas de la granja porque no aguantaban más el ambiente asfixiante creado en rededor. Sin embargo, jamás se habrían imaginado semejante “atentado contra la institución”.

Sonó la alarma e inmediatamente las “Agentes de la Seguridad Mataraza” (ASM) tomaron las máximas medidas de prevención. Una espía por acá, otra por allá. Una oreja parada por aquí, otra por allá. Para facilitar la operación, el Consejo Mayor de Matarazas permitió a sus satélites dejar de taparse las orejas con el tul, “para escucharte mejor”. Sí, como en el cuento de Caperucitas, las “lobas” (mejor dicho: “zorras”) se disfrazaban de “matarazas amigas”… “¡para picotearte mejor!”.

Sencillamente hay que reconocer que estaban en la vanguardia de los tiempos y que eran unas “genias” de la comunicación: una conversación interceptada por aquí, algún que otro teléfono pinchado por allá, un par de e-mail inquisionados… Todo era lícito con tal de descubrir al “atentador/ora”.

El “Servicio de Inteligencia Mataraza” se vanagloriaba de contar con sucursales y agentes/as “en los cinco continentes”. La Mataraza Mayor, electa por unanimidad con voto digitalizado, a fin de prevenir catástrofes y deserciones, en virtud de las facultades de su encargo, permitía todas las medidas de emergencia, para acabar definitivamente con los “perturbadores”. Por supuesto, en tiempos de guerra todos los medios son lícitos para alcanzar un “fin honesto”: mentiras, calumnias, difamaciones, detracciones, intrigas, falso testimonio, coerción…

La “moral de situación” era aplicada sin excepción en todos los gallineros, sin escrúpulos de conciencia: “Estamos en guerra: todo es lícito, si lo hacemos por Él”. La “opción fundamental” de B. Häring, no se sabe cómo, se había metido hasta los tuétanos en toda la institución: “Todo es lícito…, si lo hacemos por amor a Él”. Nuestra Opción es “Él”: no importa lo que hagamos o lo que mintamos, o lo que digamos, con tal que sigamos trabajando para Él, “fundando” más granjas para las “pollas”: “Nosotras tenemos la noble tarea de ser formadoras de conciencias, de nuevas generaciones de pupilas y de gallinazas…”. ¡Atención! “Él” ya no era Jesús, sino el Irreprochable. Incondicionales al extremo y a cualquier costo, por gratitud o por dependencia psicológica o por edad, o por lo que fuera.

Justo en esos días las Maestras Matarazas estaban cluecas de alegría, coqueteando por haber puesto dos nuevos huevos, después de 25 años: ¡dos nuevos colegios para “formar” jóvenes con motor propio y para enganchar nuevas vocaciones-Matarazas (recuérdese el principio n. 1 de la pastoral vocacional: “Todas las jóvenes tienen vocación, salvo que se demuestre lo contrario”).

La bomba había explotado sin dejar edificios desmoronados ni tampoco “víctimas” entre las incondicionales de la institución, por más que los heridos y las heridas se contaban por doquier. Ellas, como si nada.  Lo importante era que ellas estaban bien, y que seguían adelante, a pesar de sus “detractores”. La “institución” podía seguir cantando, como en los viejos tiempos: “De pie, que ya, despunta el sol…”. En realidad, la “implosión” había hecho tambalear sus cimientos, pero ellas optaron por el “amor”: “Aquí no ha pasado nada. A nadie tenemos que pedir perdón. Son todas calumnias. Ofrecemos nuestras vidas y todos nuestros sacrificios por los Gallos de Transilvania, que son justos perseguidos e incomprendidos. Rezamos por nuestros perseguidores, a los cuales amamos auténticamente sólo in Dómino”.

Sin embargo, la alarma había sonado y el protocolo para casos de urgencia y terremoto se puso en actuación: “¡¡¡Desde ahora en adelante en este beatífico colegio de Matarazas, está terminantemente prohibido a cualquier miembro del personal docente, so pena de expulsión, difundir por WhatsApp fotos que atenten contra la “Institución”!!!”.

Los lectores compulsivos de “Sin doblez”, cansados del lenguaje simbólico de este blog, querrán saber un poco más para entender mejor. Por el momento, hagan “composición de lugar” imaginando una escena ficticia, que nunca pasó, pero que puede pasar, y que seguramente va a pasar. “¡En alto las manos!”, gritaron las Sargentas. A semejanza de los asustados turistas de Notre-Dame, supongan a los docentes de la Escuela Mataraza, con las manos en alto, mientras las “Agentes Matarazas” revisan los WhatsApp de sus dependientes en búsqueda de las “fotos-kamikases” que circulaban por doquier. De repente: ¡Bumm! Un estruendo espantoso. Explotó la foto-kamikaze, que llegaba desde las Galias célticas, donde se esconden los más grandes y pérfidos “terroristas” de la institución. El comentario oficial de la Directiva Mataraza con motivo de la implosión corrió como reguera de polvera: “¡No lo vamos a permitir: esto es un atentado contra la institución!”. Sí, escucharon bien: “atentado contra la institución”.

¿Saben cuál fue la “bomba” que motivó semejante humorada? Una foto de dos ex-Matarazas, que en el pasado hicieron mucho por la Escuela Mataraza, incluido el programa de estudios, pero que ahora visten nuevo “plumaje” después de haber decidido servir a Dios en conciencia y serenidad de espíritu, sin verse obligadas a plegarse a la “mentira oficial”. Pero…, ¿no era que había que alegrarse por las vocaciones con las que Dios bendice a las demás granjas del mundo? Sí, con las vocaciones de las demás, con tal que no sean ex Matarazas: esas son unas “ingratas traidoras”, que se han servido de la institución y ahora buscan hacer daño cometiendo la desfachatez de compartir con viejos amigos una foto de su nuevo plumaje. “¡Eso no lo vamos a permitir! Es un atentado contra la institución”.

Cierto, lo importante no es la fidelidad a la verdad ni a la voluntad de Dios, que no puede ser diversa a lo que ellas imaginan. Lo importante es ser fiel a la “institución”. Avete capito bene?

Esta trágico-comedia, lamentablemente, continuará…

 

Fuga de Matarazas

Sor Iracunda estaba como loca…

  • ¿Dónde tenés el teléfono con internet?
  • ¡Madre!¿Qué teléfono? –respondió Sor María espantada.
  • ¡El teléfono comunistario! ¡Dale! ¡No me vengas con restricciones a mí!¡A mamá mona con banana de plástico…!
  • Pero madre: ¡si vos sabés que no usamos celular y que hasta se nos leen los mails!

¿Qué pasaba? Habían bajado línea desde el cuartel general de las matarazas. Había comenzado lo impensable: algunas teresonas, cansadas del relato único, comenzaban a levantar vuelo, y, como la canción de Fonsi, despacito, des-pa-cito, cuando el gallinero se abría, levantaban vuelo hasta donde las alas las llevasen.

El problema no era que se fueran, sino que continuasen en el negocio apícola…

  • ¡Van a querer contactarse con uds.!¡No les hablen!¡No les respondan los correos! Y si envían una paloma mensajera, ¡mátenla! Más vale pájaro muerto en mano, que cien matarazas volando.

Sor María no entendía la rabia de Sor Iracunda.

  • Madrrrrrre: ¿A qué tanto lío? ¡No entiendo nada!
  • ¿No entendés querida? (porque los modismos del Irreprochable se habían pegado en algunas también; en eso consistía la santidad). ¡Se nos están yendo; se nos están yendo! Lo peor es que ¡no pudimos verlo antes! Ni pidieron la excarcelación (como siempre hacen los que que se van), ni avisaron…, simplemente, firmaron la libertad y se fueron “a la vida civil”. Tenían todo cocinado ¡hasta uniforme tenían! ¡hasta aprobación ad esperinento (eso mismo que nosotros tuvimos durante casi veinte años). Para colmo de males, se han juntado con los sospechosos de siempre: los malespiritistas de profesión. ¡No tienen cura! Son unos resentidos… ¡Con tanto bien que recibieron de la Aldea y del Abuelo cariñoso! Seguro que, atrás de todo, está como siempre Judas: ese que tanto mal nos hizo.
  • ¡Pucha, madrrrrrre! Pero si Santa Teresa de Calcuta también salió de una congregación para fundar otra. ¿No habría que apoyar a éstas que, saliendo de la nuestra, siguen con la vida consagrada en otros lugares, santificándose y apostoleando?
  • Hija…: hubiese sido mejor que se quitaran las plumas y se amancebaran con un gallo. Acá el “fundo, luego existo” lo inventamos nosotros. Punto. Además, el tema es que se está creando una red inmanejable de matarazas que va de boca en boca y que no podemos parar. La mujer no está hecha para el silencio.

Sor María bajó la mirada y, mientras acomodaba la última tanda de libros del teólogo respondón, balbuceó levemente la siguiente frase:

  • Pues yo me alegro que al menos sigan en la vida religiosa…

Enseguida, como si fuera automático, el detector juicio-propista se encendió en Sor Iracunda. No dijo nada; se apartó levemente y anotó en una libretita de carnicero lo siguiente: “Día tal. Sor María. Juicio propio”.

 

Sor Laurencia Fuenteovejuna

 

 

 

 

Fundo, luego existo (se despertó Sin doblez…)

Fundo, luego existo

 

Fray Jeronimiano del Rey estaba a los saltos. Sus rabietas se habían vuelto más frecuentes desde el inicio de lo que teóricamente iba a ser una “tormenta pasajera de verano” –Fundator dixit, Nepos repetebat–. Ahora estaba hecho una furia.

–¿Qué pasa, algo no está bien?

Para qué habérselo preguntado… Me fulminó con la mirada. Pero enseguida empezó a largar el rollo.

«Es que estos tipos son de terror. A la corrupción K se le unió ahora la corrupción empresarial. Pusieron un empresario que desde los tiempos de formación maneja tarjeta de crédito personal –¡sí, eso pasa en Transylvania, aunque Ud. no lo crea!–, el mismo que le pasaba tarasca al Irreprochable todos los meses a escondidas de su superior, en ese entonces el tristemente célebre y en todo entonces eterno secretario Bocconi, cuando dirigía una de las áreas provinciales de Transylvania… Así no levantan más. Es como sacar a Budú y poner a Alí Babá…».

Cuando Fray Jeronimiano empezaba a usar comparaciones flojas era porque estaba muy pero muy disgustado. Siguió:

«Qué querés. Tiene más horas de vuelo que de estudio… Se pasó viajando por todo el mundo, acumulando experiencia y… millas, millas, muchas millas. Claro, para seguir volando. Y por ahí… hasta en primera. Dicen lenguas maliciojocosas que tiene más millas acumuladas que varios Papas juntos… Por supuesto, todos viajes apostólicos, en orden a seguir promoviendo compulsivamente fundaciones por todos lados. Perfecto producto del Irreprochable, para él vivir es fundar. Fundo, luego existo. Eso es lo que piensa y lo que manifiesta con sus obras».

Fr. JdR estaba poniéndose violeta de la bronca.

«Ahora resulta que arreglan fundaciones a escondidas, claro».

Me quedé perplejo. ¿A escondidas de quién? No quedaba claro. Pero el rollo seguía.

«Hace poco estuvo dando vueltas por las pampas el sanatero compulsivo de Bocconi, como siempre, haciéndose el “macho” en los gallineros, y hablando mal de la parte de la comisión directiva que el lobby de los eternos ha decidido rechazar y de la cual el mismo lobby ha decidido hablar mal para sembrar buen espíritu. También el tío Vacancio había hecho lo propio, y lo mismo varios encargados de seccionales provinciales. Porque, claro, cuando ellos hablan mal de alguien, ellos siembran buen espíritu. Y lo que en otros casos es murmuración, en boca de ellos es virtud. Por supuesto, las de Bocconi eran todas calumnias, pero calumnias que para las matarazas se convierten en dogmas de fe. Para algunas, porque son realmente ingenuas y prudentes como palomas; para otras, porque son simples como serpientes; y para algunas otras, por una suerte de “sadomasoquismo” espiritual, por un cierto “mentíme que me gusta”. Pero bueno, pobre Bocconi, haría bien en cerrar los labios alguna vez. Los charlatanes como él edifican más con el silencio que con las palabras».

Era cierto que tanto a Bocconi como a su hermano, célebre teólogo cayetanista, les vendría bien un ayuno de palabras. Eso, en Transylvania, era una de esas cosas que todos saben pero nadie se animaba a decir –como ocurre con tantas cosas en Transylvania–. Pero, de todos modos, la verdad es que esta vez Fr. J. del Rey estaba dándoles durísimo, repartía a troche y moche. Había para todos y para todas.

Le dije que no me quedaba claro lo de las fundaciones.

«Ah… sí… me desvié del tema por lo de las pampas. Es que los problemas parecen ser de vientos y de espíritus. Resulta que, como se tuvieron que ir de los pagos de Palas Atenea, no conformes con sus delirios platónicos de fundaciones, se quedaron dando vueltas para ver cómo podían rasguñar algo, y parece que sí, que lograron algo en Τήνος, la famosa isla del Eolo: de lo contrario, mirusté qué tragedia, tener que estudiar latín en Roma en lugar de hacerlo en Grecia… Por otro lado, mandaron emisarios a sondear las cosas en la India: quién sabe, en una de ésas el espíritu del Mahatma les pacifica el alma».

No me gustó la referencia a Gandhi, pero era claro que estaba cansado de las almas sombrías, conflictivas y turbulentas con las que tenía que lidiar en Transylvania y en las que había mucho de viento y poco de espíritu

–¿Y las pampas?

«Ah… perdón, de vuelta. No, lo de las pampas era porque resulta que ahora van a fundar un monasterio en el país de la samba: “o mosteiro do Brasil”, segunda tentativa. Van dos, ya están los nombres. Los averigüé porque… uno también tiene sus informantes y no es que todos se sigan creyendo el relato ni el neorrelato. Bueno, la cosa es que desde las pampas lo mandan a Cunivares y desde la hispánica ínsula a Olivetti, que está viajando el segundo lunes de junio. Y cuando dieron el aviso comentaron que los mandan camuflados, como que los mandan al seminario, o sea, escondiendo la cosa “para no levantar la perdiz” de que en realidad están queriendo fundar un monasterio. Lo que es raro es eso de no levantar la perdiz… ¿para que no se enteren quiénes?

De todos modos… Por ahí es como que después del papelón del monasterio de Villa Áurea, o sea, Argiesville, antes de hacerse el autobombo con videos y crónicas, lo piensan dos veces».

 

Y… sí. Con lo de Villáurea parecía como que se hubieran cavado la Fossanova

 

Fr. Juan del Monte