Cuentos socráticos (totalmente irreales, como los anteriores)

Socrates 2III

 –«Por eso, hay que obedecer, siempre hay que obedecer, puesto que el Superior es la voz de Dios. Y, como decía san Juan de la Cruz, “nunca mires la cualidad del Superior, si te cae bien o no, si es de buen trato o no, si te es familiar o no, si sus modos te resultan agradables o no, porque de lo contrario transformarás la obediencia de divina en humana y no serás verdadero religioso”…».

Terminaban las clásicas «buenas-madrugadas» –un teóricamente breve pensamiento teóricamente edificante que dirigían todos los días a la comunidad por turnos algunos selectos, para ir formando poco a poco criterio e ir edificando poco a poco las almas– y fray Sócrates se quedó pensando. Como se le plantearon dudas, abordó al célebre predicador, gurú universal de omnibuscumque, inmediatamente terminada la caliente, o sea, cálida y ardiente, exhortación.

 

–«Padre, ¿hay que obedecer siempre a la legítima autoridad?».

–«Por supuesto».

–«Sin mirar su condición, ¿no?».

–«Desde ya, porque de lo contrario te manejarías con criterios humanos, y en realidad la única referencia sería el “yo”: justamente para dominar eso está la obediencia religiosa».

–«¿Hay algún límite?».

–«Cuando te mandan un pecado, pero eso no ocurre nunca».

–«Si el Superior se muestra amigo o enemigo, bondadoso o malicioso, bien dispuesto o mal dispuesto…».

–«Da igual. No es por su carácter o cualidades, sino por su autoridad y su función, ya que representa a Dios, que hay que obedecerlo».

–«Ok. Ahora bien, la Santa Sede está por encima de los gobiernos particulares, ¿cierto?».

–«Cierto».

–«Y es la Suprema Autoridad, ¿cierto?».

–«Claro».

–«Y tiene que ser obedecida según sus organismos específicos, ¿no?».

–«Evidente».

–«Pero ¿si manda algo que no nos gusta?».

–«No entiendo, ¿a qué apuntás?».

–«Que, sin querer, escuché al pasar que nuestros Superiores están haciendo un reclamo a la Santa Sede y que, puertas adentro, dicen que son enemigos y que nos quieren destruir. Así que me parece que se muestran reacios a aceptar sus decisiones, y miran la cualidad y la disposición de la autoridad, convirtiendo la obediencia de divina en humana y, encima, poniéndose como referencia ellos mismos por encima de la autoridad de la Santa Sede».

El predicador reprimió un primer movimiento que lo movía a insultar a fray Sócrates, porque estaba trabajando en su defecto dominante que era, precisamente, la ira. Esa semana había tenido ocho victorias, andaba realmente muy bien, y le agradecía mucho a Dios estar creciendo tanto en la vida espiritual, ir de bien en mejor subiendo. Así que reprimió el primer movimiento y se fue inmediatamente a referir al resto de los eternos la mala disposición de fray Sócrates.

–––––––––––––––––––––––––––––––

        Los eternos se reunieron en consejo durante la noche. Al amanecer, Sócrates se encontró con la condena a beber cicuta. Cosa que no obedeció, porque cometer suicidio es pecado. Por lo cual fue públicamente acusado de mal espíritu e inscripto en la lista negra.

 

IV

        –«La calumnia es prácticamente irreparable…». El profesor de moral siguió con el clásico cuento del Cura de Ars, que le habría hecho desplumar una gallina a una vieja para mostrarle que es imposible reparar la calumnia –medio rara la historia (Nota del Editor)–. Y prosiguió: –«Por lo tanto nunca, nunca hay que hablar mal del prójimo, ni llevar o traer noticias infundadas o de las que uno no tenga directo conocimiento, porque de lo contrario no habrá manera de reparar el mal que se causa». El profesor se interrumpió porque fray Sócrates levantó la mano para preguntar.

–«Sí».

–«Es lícito defenderse de las acusaciones, ¿no?».

–«Por supuesto, aunque no es un deber hacerlo siempre, sino tan solo cuando de manera directa o indirecta afecta al bien común». La respuesta le resultó extraña a fray Sócrates, que conocía la posición de san Francisco de Sales al respecto. Pero no era ése el punto esencial de su razonamiento.

–«Pero no es lícito calumniar».

–«No, no es lícito calumniar».

–«Por lo tanto no es lícito defenderse de las acusaciones calumniando a los acusadores».

–«No».

–«Pero supongamos que hay acusaciones cuya falsedad no consta».

–«Sea».

–«Si no consta su falsedad, ¿es lícito decir que son calumnias?». El profesor se incomodó y no dio respuesta inmediata, así que fray Sócrates prosiguió: –«Lo que quiero preguntarle es si Ud. considera lícito, para defender a alguien, acusar de calumniadores a los que han lanzado acusaciones».

–«Si son acusaciones falsas, sí».

–«Pero partimos de que la falsedad no constaba».

–«Pero puede ser que conste a partir de la virtud excelsa de la persona acusada».

–«Supongamos que consta también la virtud probada de los acusadores».

–«Los que acusan no suelen ser de virtud probada».

–«¿Por qué?»

–«Porque eso es típico del demonio… “el acusador de nuestros hermanos”».

–«¿Nunca hay derecho a acusar?».

Aquí el profesor no respondió directamente, sino que agarró para otro lado.

–«Normalmente los que acusan son personas descontentas, que viven quejándose».

–«Pero supongamos que es un sacerdote que habitualmente no se queja y que a partir de cierto momento lanza una acusación, que Ud. identifica gratuitamente con la queja, ¿qué pensar?». El profesor hizo una mueca de desaprobación cuando escuchó eso de la identificación gratuita.

–«Si la persona acusada es de virtud probada, hay que pensar que es una calumnia».

–«No me convence, porque no consta. Pero, igual, ¿si al sacerdote A añadimos el sacerdote B?».

–«Debe ser gente de mal espíritu, sacerdotes malos que buscan dañar la imagen del acusado».

–«¿Si a AB añadimos C?».

–«Lo mismo».

–«Y si a ABC añadimos el testimonio de EFGHIJKLMNOPQR…, sacerdotes que en su gran mayoría ejercen el ministerio santa y edificantemente, ¿no habría que pensar que es ilícito decir, en principio, que son acusaciones falsas?».

–«Y… puede ser. Si hay muchos testimonios convergentes, de gente proba, puede ser».

–«Bueno, pero todo esto acerca de dudar de la probidad de una persona por el solo hecho de que lanza una acusación, me parece un discurso inútil y distractivo, que escamotea lo esencial. Podrá no ser proba por otros motivos, pero no por el hecho de acusar, así que vamos a lo esencial y retomemos lo principal de nuestro planteo. Quiero decir esto: las acusaciones verdaderas no son calumnias, ¿o lo son?».

–«No, no lo son».

–«Pero decir que los que acusan son calumniadores es decir que las acusaciones son falsas».

–«Desde ya».

–«Pero no se debe decir que se trata de acusaciones falsas, si son verdaderas».

–«Claro».

–«Y no es lícito acusar de calumniador a quien dice la verdad».

–«Por supuesto que no».

–«Por lo tanto, si la acusación es verdadera, jamás es lícito decir que son calumnias».

–«Claro. Pero hay que asegurarse de que la acusación sea verdadera».

–«Pero afirmar que se trata de calumnias es afirmar que no son verdaderas, ¿justo?».

–«Justo».

–«Mas si no me aseguré de que son verdaderas, no puedo saber si son verdaderas o falsas».

–«No, no puedo».

–«Y por lo tanto no puedo saber si son calumnias».

–«No».

–«Y entonces no tengo derecho a decir que son calumnias».

–«No tengo derecho».

–«Por lo tanto, no es lícito defender a alguien diciendo que las acusaciones son calumnias, si ello no me consta».

–«Es verdad, pero no entiendo a qué viene todo esto».

–«No, simplemente por todo lo que está pasando con la campaña de defensa digitada desde aquí con respecto a…».

–––––––––––––––––––––––––––––––

        Fray Sócrates se despertó a los dos días en la enfermería. Uno de la guardia pretoriana de la comunidad le había pegado desde atrás un garrotazo en la cabeza antes de que termine la última frase, a lo cual siguió una flor de paliza que le propinaron entre tres o cuatro. Durante esos días que pasó en la enfermería, entre sueños le venía a la mente la frase del Evangelio «¿así respondes al Sumo Sacerdote?».

Cuando se despertó, fray Sócrates se encontró con una carta depositada sobre su cama, en un costado. Era el decreto de condena a beber cicuta, que le enviaba el consejo de los eternos, a partir del informe elevado por el profesor.

Johannes a Sensu Communi

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16 pensamientos en “Cuentos socráticos (totalmente irreales, como los anteriores)

  1. Como siempre, magistral! Lamentablemente los eternos ya han tomado posición, y lo que más se puede esperar es una “apariencia” de que te escuchan. Pero esto desde hace ya mucho tiempo… Después se quejan de que la Santa Silla no habla con ellos. La iglesia es más grande que la aldea… ¿Para qué perder el tiempo en tipos que no escuchan?

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  2. El que mandó la carta a la “Santa Silla” (que tiene toda la pinta de haber sido Fray Inepto), dijo algo así: “Nosotros sabemos quiénes somos y estamos en condiciones de discernir quiénes son los más idóneos para gobernarnos”. Es decir, “nosotros queremos seguir haciendo lo que se nos canta las b… sin respetar ninguna regla de la Santa Silla, nos seguimos cag..ndo en todos los aldeanos que se fueron (unos 160 en estos 30 años), nos importa un joraca todos los aldeanos que NO leen la realidad como la leemos nosotros; y a su vez elegimos a dedo (como el Supremo eligió a dedo a un aldeano que había sido su secretario años atrás) a aquellos que sean fieles a nuestros chanchullos e hipocresías. Realmente este “manotazo de ahogado” es patético. En vez de preguntarse: ¿En qué le estamos pifiando? ¿Por qué nos putean tanto? ¿Qué hicimos de equivocado? No, seguimos escondiendo la tierra debajo de la alfombra y agitando el champan buscando que no se destape. Esperemos que la Santa Silla no dé lugar a semejante “mentira” (porque de otra manera no se puede calificar) de carta. La única manera de que estos tipos sienten cabeza es con una intervención de afuera, de lo contrario, seguirán con sus canalladas sin escuchar ni siquiera al mismo Jesucristo y no quedará aldeano con un mínimo de salud mental. Dios mío, son la esencia de la necedad…

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  3. Me tiene compunjido solo de escuchar la historia del pobre Socrates……….me pregunto en qué terminará?

    Al final, el pobre (los pobres sócrates que con inocencia se cuestionan…..queee patsaaa!) están ofrendando su vida y fama para que los eternos y pocos aldeanos fieles al relato vuelvan a recuperar no solo el sensus communis sino también el sensus ecclesiae…………….
    MMMMMM, como que me suena esto, no será que toda la acusación que tuvimos desde el principio se debe a que meamos fuera del tarro, y creyendonos “la iglesia” ésta se encargó como buena madre de llamarnos una, dos y miles de veces a tener sensus ecclesiae.
    No será que no somos los mejores, ni los únicos, ni menos aún indispensables………
    Tanto va el agua al cantaro que ojalá parta el coco de algunos……eternos

    Lo de Fray Inepto, in puteable……
    Lo de las campañas regionales con garfio sobre un pelpa que no sabes qué firmas, re prochable
    La campaña contra la autoridad contituida…….de monizable…….o de monos, como quieran.

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  4. Perdon que insista, me olvidé de citar en mi anterior un dicho que le gustaba tanto a nuestro irreprochable……
    El mono, mientras más alto sube, más se le ve el trastevere………
    Es exactamente lo que están haciendo los que con el están prendido de una rama………hay cuando la rama se quiebre.
    Aunque se enojen los hijos fieles de Noe

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      • el asunto es que estan bajando linea en el norte que la CIVCSCAP juzgo “sin causa!!!!” a los LC, FI y a los de St Jean….
        o el tipo es un reverendo pel! o un reverendo hdmp.

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  5. Calumniar a las víctimas y a las personas que las escucharon, consolaron y salvaron de la muerte o de la locura es realmente de una bajeza propia de deseperados

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  6. Jesuita:
    … pero unos y otros son bienaventurados
    por perseguidos e injuriados y tienen la gracia propia de este nuevo “estado”

    Creyente

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