Cuentos socráticos

SocratesI

         –«Por eso, una cosa es la ciencia, el saber por las causas, y otra cosa es la fe» –explicaba el profesor de Filosofía del Conocimiento, lo que en la Aldea llamaban habitualmente «Crítica» aunque, por supuesto, no en el sentido del mal espíritu. Y prosiguió: «En la ciencia se proporcionan las demostraciones, puesto que se sabe por las causas, se da el “porqué” de la cosa; en la fe no se proporcionan pruebas, se transmite una verdad, pero sin aportar pruebas. Cuando las pruebas son inaccesibles al intelecto humano, el acceso a esas verdades se obtiene sólo por fe infusa, la fe sobrenatural; cuando son accesibles, en un futuro o en otras circunstancias, o solamente a algunos si bien no a todos, se trata de la fe meramente natural, que es el apoyo psicológico de la fe sobrenatural. Es justamente lo que hacen las maestras en la escuela primaria: todo lo que transmiten es prácticamente por fe. El conocimiento por fe es muy enriquecedor».

Fray Sócrates, un estudiante de aguda inteligencia, de buen sentido –ése que es poco común– y sobre todo intenso amante de la verdad, levantó la mano para preguntar.

–«Sí».

–«Padre, ¿mediante esa fe natural se transmiten verdades?».

–«Sí, lo acabo de decir».

–«Pero no se aportan pruebas».

–«Claro, es contrario a la razón de fe, a la ratio fidei».

–«Ahora bien, la fe no es duda sino certeza, ¿no?».

–«Desde ya».

–«¿La fe es, entonces, una certeza sin pruebas?».

–«Exactamente».

–«Pero es posible tener fe».

–«Cierto».

–«Luego es posible tener certezas sin pruebas».

–«Claro que sí».

–«Pero también es lícito transmitir verdades de fe».

–«Por supuesto».

–«Por consiguiente uno puede tener certeza de algo que no puede probar y puede también decirlo».

–«Sí».

–«Y eso no es sembrar dudas, sino verdades».

–«Efectivamente».

–«No, está bien. Era eso nomás. Era para asegurarme. Porque a veces uno sabe cosas por testimonio directo y son cosas que el que las ha vivido no tiene manera de probar, y que aquél a quien se las ha confiado tampoco, aunque sabe perfectamente que son así. Pero a veces uno las dice y después le piden que aporte pruebas y le dicen que, si no tiene pruebas, que no tiene que hablar porque siembra dudas».

 ––––––––––––––––––––––––––

         Esa tarde el profesor se reunió con el eterno consejo de la casa y decidieron condenar a fray Sócrates a beber cicuta.

Cosa que Sócrates hizo, porque prefería ante todo ser amigo de la verdad: de ciencia o de fe, pero siempre la verdad.

 

II

         –«… Y decía Don Bosco que hasta el sol tiene manchas, y san Juan de la Cruz que en las comunidades religiosas todos los demás son como albañiles que nos golpean duramente para esculpir en nuestras almas la imagen de Jesucristo».

El profesor de moral se había embarcado en una ardiente peroratio para inculcar a los estudiantes cuán importante era la misericordia con las faltas del prójimo, el saber perdonar, el no escandalizarse de ellas. Tenía toda la razón, y tenía abundantes razones. Prosiguió con una mención novedosa:

–«Y cuando un religioso se le lamentó a Savonaretti de los defectos de sus cofrades, el gran Savonaretti, que gozó del aprecio e intensa devoción de varios santos, le respondió con una carta en la cual lo exhortaba a corregir su celo indiscreto: tan preocupado por los defectos de los demás, se olvidaba de los propios. Los definitivamente buenos están sólo en el Cielo, le decía, pero aquí en la tierra están mezclados con los malos. Y si quieres vivir solamente con los buenos, tendrás que morirte, porque no hay sitio en la tierra donde los puedas encontrar. Quien deja el mundo para hacerse religioso empieza a vivir con personas que desean la santidad pero son imperfectas: los perfectos están solamente en el Cielo. Y, añadía, tendrás que aprender a soportar los defectos de los imperfectos, y eso te hará bien. Si quieres ver solamente gente buena, te equivocas, eso es una astucia del demonio, pura tentación: si ves algo que no te gusta, pensá que fue con buena intención y seguí para adelante. Viví la humildad, la sujeción, la obediencia y no sigas al juicio propio».

La cita no era propiamente literal, pero los conceptos eran fieles y las expresiones casi literales. A fray Sócrates había algo que no le cerraba. Levantó la mano para preguntar.

–«Sí».

–«Una pregunta, ¿uno tiene siempre la obligación de pensar que son todos buenos?».

–«Mmmm… sí, hay que pensar bien de todos».

–«¿Pero si uno ve que otro hace algo malo?».

–«Puede no haberse dado cuenta».

–«¿Pero si lo ve de modo habitual?».

–«Puede igualmente no darse cuenta, tal vez con mayor razón».

–«¿Pero si viene y me dice que lo hace a propósito?».

–«Quizás no se dé cuenta de la gravedad».

–«Pero no hablo de la gravedad o no, sino de que me manifiesta una mala intención efectivamente asumida».

–«En ese caso sí, ante la evidencia no te podés negar».

–«Por lo tanto cae la primera respuesta: uno no tiene siempre la obligación de pensar que todos son buenos». El profesor se puso muy incómodo ante esta conclusión, pero no la podía negar.

–«Es verdad, no siempre. Yo me refería a la tendencia habitual que tenemos que tener a pensar bien del prójimo».

–«Sí, por supuesto, en eso estamos de acuerdo; pero la pregunta era muy precisa». El profesor no pudo disimular una nueva expresión de disgusto, pero fray Sócrates prosiguió: «Ahora bien, si yo tengo certeza por distintos canales de la conducta objetivamente mala y pertinaz de una persona, sin pronunciarme sobre la culpabilidad subjetiva de la misma, ¿tengo que negar el carácter objetivamente malo de esa conducta?».

–«Si lo sabés con la suficiente seguridad, no, no podés negarlo».

–«Pero si hay personas con autoridad que tratan de negarlo, y yo sé perfectamente que las cosas son así, ¿tengo que cambiar mi posición?».

–«Si sabés que las cosas son así, no tenés que cambiar tu posición».

–«Y si las personas que tratan de negarlo tienen los mismos datos que yo y las mismas fuentes que yo, ¿tengo que pensar que esas personas son buenas?».

–«No entiendo la pregunta».

–«Porque al parecer están configurando un cuadro objetivo de hipocresía».

–«No entiendo la pregunta».

–«Trato de ser más claro. La persona B comete una serie de actos gravemente repudiables, vergonzosos e indignos de un consagrado; el grupo de personas A-C-D-E-F-G trata de vender la imagen de que es un santo y trata de negar, por cualquier medio y a cualquier precio, la realidad objetiva de esa serie de actos. ¿Eso no es hipocresía?».

–«No entiendo la pregunta, ni entiendo a qué viene todo esto. Pero, bueno, mejor cortemos acá, así seguimos con la clase».

–«No, simplemente era por lo de Savonaretti».

–«¿Qué tiene que ver Savonaretti?».

–«Y… que en el texto que Ud. mencionó, Savonaretti exhortaba a soportar los defectos de los cofrades, pero no a negarlos cuando son manifiestos (pues de lo contrario no habría manera de soportarlos, ya que no existirían) y mucho menos a disfrazarlos de virtud, y certísimamente menos a publicitar una imagen de santidad que no coincide con la conducta objetiva de la persona».

Al profesor lo salvó la campana del recreo.

A fray Sócrates no.

___________________________

         En efecto. Esa tarde se reunió el consejo de los eternos, y condenó a fray Sócrates a beber cicuta. Cosa que él hizo por religiosa obediencia, limitándose a considerar simplemente el acto del beber, aunque sin compartir lo que él consideraba el juicio errado e injusto de los eternos.

 

Johannes a Sensu Communi

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22 pensamientos en “Cuentos socráticos

  1. y pensar que el cito la carta de Savonaretti en su blog es el que hace escuela moral en la Aldea…mientras le banquen su curriculum vende cualquier fruta.
    triste lo de este pibe.

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  2. …parece que Fray Inepto esta “Hyper”…le agarro otro ataque de (i) responsabilidad comunitaria y armo un despelote atomico …

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  3. Su habitual presentación o finalización en párrafo serio y tranquilizador, nunca irónico, “estas historias jamás ocurrieron”; esta vez no. . . como tampoco la advertencia “cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia”
    ¿o el primer Sócrates es una milenaria ficción?
    ¿el cuento los exonera de tales previsiones?
    ¿hasta donde se proponen llevarnos?

    LC (cualquier parecido nominal con otro comentarista es pura coincidencia)

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  4. Un aplauzo a Savonaretti y Socrates………..
    El tiempo se encargó de darles la razón en los casos reales…….
    Pero como esta ficción nunca existió……..no sé de qué se preocupan, conventillean, fuerzan conciencias y hasta usan altas sogas para colgarse de la sotana la más cerca que puedan.
    El rumor de las trompetas hizo caer las murallas de Jericó…..

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  5. “Cuando hace unas semanas cierto conocido me habló escandalizado de las más que criticables actitudes de unos cofrades suyos, me vino a la memoria esta carta de Jerónimo Savonaretti”

    Decime si no sabe de lo que esta hablando…

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  6. Y faltó agregar algo que Castellani trae en uno de sus escritos :
    “Sócrates tomó una boleta y escribió en ella, a la vista de todos:
    Yo te besaré el brial
    Color del lirio morado
    Yo te besaré el cendal
    Color amoretonado
    Yo te besaré los chanclos
    Color de los lirios blancos
    y puso debajo estas misteriosas letras: LPQTP.”

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  7. Y el ultimo comunicado oficial? Se podria escribir un nuevo “autocrítica cero” (VII parte)… Y viva la numerolatria…! La verdad no importa un comino

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