El extraño caso de las retinas (un caso que, por supuesto, jamás ocurrió)

oftalm        El oculista no salía de su asombro. No podía dudar de la sinceridad de los pacientes, pero tampoco de lo extraño del caso. La situación se iba repitiendo, día tras día. No se trataba, ciertamente, de un pigmento añadido desde afuera; pero tampoco estaba tan seguro como para afirmar que había descubierto una nueva patología. Se trataba de algo nuevo, pero no daba con la explicación.

Ya habían desfilado los Eternos, el resto de los formadores y, según había podido averiguar, la misma molestia se había verificado en las cúpulas y adláteres de las demás sucursales regionales; en el país del Plata el problema era particularmente agudo. Se podría haber dicho que era una cosa genética, pero el tipo de familiaridad que, decían, los hermanaba no tenía nada que ver con la genética, así que una explicación de ese género no podía ser válida.

Él fue el último en aparecer. Carilindo y siempre cuidadoso de la «facha», usaba sus lentes esporádicamente. Pero la molestia se le había hecho insoportable y no se solucionaba con el uso de las gafas: ¿habría que cambiar el aumento?

El oculista lo observó, y notó, como era de esperar, las dos pequeñas manchas en cada ojo. Lo hizo deletrear a la distancia, tapándose con la mano opuesta cada ojo alternativamente, una serie de palabras. Todo resultaba bastante bien. Pero la molestia no desaparecía. Las manchas tampoco. Era como si se les hubiera incrustado algo en los ojos a todos. Como que no podían dejar de verlo. Como que se les había pegado en las retinas.

«SD» en el ojo izquierdo, «SD» en el ojo derecho… El oculista seguía sin poder encontrar explicación alguna. Le recomendó, como a todos, relajarse, reposar, hacer un lavado ocular con unas gotitas de colirio, para tener una visión más límpida… Pero, con la sospecha de que el problema era más profundo que una cuestión de retinas, decidió, por su cuenta, consultar a alguien del medio, un investigador nato de cuya fama y excelencia no podía dudar, para que tratase de buscar algún tipo de explicación. Si él no encontraba la respuesta, es porque no había respuesta alguna.

El padre Brown, ya anciano, no se sentía con las fuerzas suficientes como para comenzar una nueva aventura. Pero los ruegos del oculista, que invocaba la vieja y larga amistad con su padre ya muerto, pudieron más y terminó por aceptar el desafío.

Sin la facilidad de otros tiempos para moverse, pero sin haber perdido nada de su aguda capacidad intelectual, el padre Brown había aprovechado el sedentarismo de los últimos años para ponerse al tanto de los nuevos progresos tecnológicos. Se podría hasta decir que había llegado a convertirse prácticamente en un hacker. Esta habilidad le permitió entrar en los modernísimos Ipad y Ipod de tantos sacrificados predicadores de la pobreza, que no tenían más remedio que recurrir, con gran disgusto y pesar, a tales medios para evangelizar la cultura. También pudo entrar en las computadoras, en las desktop, laptop, netbook, ultrabook… Y fue también por la misma habilidad, que le bastó con un solo largo viaje, a la Ciudad Eterna, para instalarse después de manera pasajera en un antiguo pueblito que en su nombre conjugaba montañas y botellas. Llegó a infiltrarse en las reuniones eclesiásticas que se hacían en la zona. Observó cuidadosamente a cada uno de los personajes que participaban. Llegó también a participar de las proámporas. Las proámporas eran las «proas de la ivámpora»: momentos de recreación nocturna de la avanzada oficialista durante los cuales los genios de la ivámpora o los Eternos intercambiaban información extraoficial, es decir, la más verdadera, y juicios acerca de todo el mundo exterior, sobre todo acerca de la jerarquía eclesiástica y de los súbditos que se resistían a convertirse en ivamporistas. Fue en una de sus presencias camufladas en estas últimas que el padre Brown se acordó de la afirmación del salmo «… con su lengua recorren la tierra». No tenían freno.

Habiéndose proporcionado el mejor panorama físico y virtual posible, le hacía falta solamente analizar con atención los datos. Las páginas web visitadas, los temas de conversación. Su conclusión fue certera y precisa.

–«¿De qué se trata?»– le preguntó el oculista, ansioso por conocer la solución del enigma.

–«Es un problema muy serio, psicoespiritual». Saboreó otra bocanada de su pipa y prosiguió: «Se les ha fijado en la mente una página web, no dejan de leerla ni de hablar de ella. Están lanzados a una caza de brujas para encontrar al autor. Saben que todo lo que dice la página es verdad, pero no quieren admitirlo. Hay una actitud de bloqueo activo ante la verdad manifiesta. Eso les causa una frustración mayor. Como efecto de la fijación psicológica y de la frecuente visita y lectura de las páginas, se les fueron marcando en las pupilas las iniciales “SD”».

El oculista había quedado maravillado. Pero no podía proporcionar ningún remedio. «¿Y la solución?»– preguntó.

–«La solución es muy fácil de decir y muy difícil de aplicar. Se trata simplemente de conjugar tres cosas: la verdad, la humildad y la caridad. Pero, conozco el ambiente… Es muy difícil de realizar».

 §§§

Manix, el gran forrrmador, se levantó nuevamente sobresaltado. Se trataba de la misma pesadilla, una pesadilla recurrente, que había surgido en el último tiempo.

Se volvió a reír, repasando con la mente todos los elementos que el ensueño combinaba. El padre Brown aparecía, por supuesto, a partir de su relación con Trevistano; todo el tema del oculista, por la orden de los Eternos de no gastar retina en la página; la iniciales SD grabadas a fuego en los ojos, por haber gastado retina en la página, porque, por supuesto, la orden era para la gilada, pero no para los capos del discernimiento; y el tema de la investigación, los hackeos y la caza de brujas, por el último mail que había llegado desde oriente; lo de la proámpora, porque la página era tema de conversación frecuente. Pero… ¿por qué la pesadilla se había repetido tantas veces esa noche? Eso pasaba solamente cuando tenía que recordar algo importante. «Ahhh –se dijo– ¡qué gil que soy! Tengo que pensar algunas ideas sobre formación intelectual para presentar en la reunión general… Y además me olvidé de darle anoche los apuntes a Miguel Blancos de los Signos. Bueno, se los doy hoy mismo antes de las clases».

Eran los apuntes de Ética, la materia que tenía que enseñar el seminarista que la había cursado el año pasado y al cual los forrrmadores, buscando la excelsitud insuperable de la formación intelectual y moral de la aldea y de todo lo que se le asemejase, la habían encomendado.

 

Baldomero Pedroza

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15 pensamientos en “El extraño caso de las retinas (un caso que, por supuesto, jamás ocurrió)

  1. Che es verdad lo del seminarista dando ética en el seminario de monteversone?
    Lo que pasa es que tiene la materia fresquita…
    Qué dirá el teólogo preguntón?

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  2. SD es tiene una red de informantes impresionantes…hasta la mismisima proampora llegan sus infiltrados!!!
    Atras de SD esta Jorge Lanata y su equipi de periodismo para todos, no tengo dudas.

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  3. Para los cazadores de brujas (?)… Les quiero decir que no soy el ruso, ni el ruso 31, ni el ruso 32… Me llamo Mirtha Legrand y SD es mi blog favorito. Si alguien quiere venir a almorzar conmigo le dejo mi celu +015674328754301 (uso whatsapp) y mi mail: calentitoslospanchos@ivampora.pe
    Besitos a todos y a todas!!

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  4. Uno de los Eternos hace relativamente poco tiempo anduvo diciendo en una de las reuniones de amigos “tenemos que tener profesores de élite”. Se ve que el plan les va funcionando…
    El Irreprochable les bajó la caña a los formadores de un seminario porque… “¿Cómo que los seminaristas no dan clases, querido?”. Obedientes con obediencia de juicio, pusieron inmediatamente a los seminaristas a dar clases en el seminario. En fin.

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  5. En el seminario de Disneyland pusieron hace unos años a dar clases bilingües de ética y cosmogia a dos sendos seminaristas que de español no sabían un joraca, como que uno era medio asiático y el otro un rubito de esos del kux ku klan… Además estaban todavía en formacion!!!! Y a la vez antropología y metafísica también la daban otros dos seminaristas, que al menos chapuzaban el español… Uno terminó de formador al toque, el otro con Ivrancatelli…

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  6. Que viva el buen espiritu………….esto se pone cada vez más emocionante.
    Qué se verán venir a la vuelta de la esquina??
    No se pierda el próximo capitulo de SD………o te devolvemos tu dinero

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    • Estimado Anónimo: por distintas circunstancias, últimamente no hemos podido hacer el habitual “filtrado” de los comentarios. Como hemos explicado en otras ocasiones, aquellos comentarios que no respeten el estilo del blog, que habla en parábolas y sobre historias “que nunca ocurrieron”, serán eliminados o bien editados a discreción. Gracias desde ya por la comprensión.

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  7. Glosando a Castellani sobre el caso del País de Nunca Jamás

    Dice Castellani:
    “En la parábola del Sembrador, el Sembrador es Cristo, y las tres clases de semillas malogradas son tres clases de hombres que fallan en la fe; en quienes se malogra “la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”.
    Estos tres hombres se podrían denominar el Frívolo, el Flojo y el Furioso. Claramente se ve en la pa¬rábola una progresión en la suerte de la semilla; por¬que en efecto, la que cae en el camino, ni siquiera ger¬mina; la que cae sobre ripio, germina y se quema pron¬to; mas la que cae entre abrojos —o cañotas— crece bastante pero después es como aprisionada y asfixiada. Y así hay tres clases de hombres con respecto a lo re¬ligioso, que se pueden simbolizar en Don Juan Tenorio, el Fausto y el Judío Errante. Y si quieren personajes históricos y no legendarios, digamos por ejemplo Casanova, Goethe y Napoleón — para no salir de nuestros tiempos”.

    Procuraremos dilucidar en el País de Nunca Jamás acerca de la existencia de estos tres tipos humanos.

    “En los tipos frívolos o “distraídos” la fe no puede ni prender siquiera, porque ella pertenece al dominio de Lo Serio: allí cae sobre el camino, es sembrada en la calle. Ellos pueden hablar de Dios y aún saber el Credo, como Don Juan; pero lo Religioso está ampu¬tado en ellos; o mejor dicho, está atrofiado. Don Juan Tenorio no es el símbolo del “pecadorazo español”, como cree Ignacio Anzoátegui, del hombre que “cree fuerte y peca fuerte” de Lutero. ¡Ni por pienso! Don Juan Tenorio con sus bigotazos, sus desplantes, sus bravatas, sus conquistas y su espada pronta, es un va¬rón poco desarrollado; el doctor Marañón lo clasifica incluso entre los “feminoides”. Por eso entiende tan rápidamente a las mujeres en lo superficial; porque es amujerado. Para el hombre muy varonil, la mujer es un misterio profundo y respetable, por no decir ado¬rable; para el achiquilinado es algo como el ratón res¬pecto al gato: algo enteramente claro y perspicuo. Don Juan Tenorio está lleno de malos pensamientos y pe¬queñas porquerías; pero no peca, hablando en serio; el pecado es una cosa seria, y no es lo mismo ser peca¬dor que chico malcriado. Las que pecan serían en todo caso las mujeres que lo siguen: como el caburé no tiene la culpa que las gorrionas se le vayan encima: pecado de bobería, que es uno de los más peligrosos que hay. Esa Margarita por ejemplo que Goethe quiere darnos como un portento de inocencia… Es una mujercita un poco corrompidita; y la prueba es que se hace la bobita. Quizá nos equivoquemos ¿no?”

    Me parece que en el caso de Nunca Jamás el frívolo y achiquillado es ese que mira para otro lado. Se contenta con hacer lo que le dicen, creer lo que le cuentan, sin preguntarse ni buscar verdaderas razones. Alguien podría discutirme:
    – Castellani habla de la Fe… mientras que ud. está hablando aquí de “pequeñas cuestiones humanas”.
    Y le respondo:
    – Fíjese que yo creo que en este caso son cosas humanas efectivamente, pero que afectan a la Fe sobrenatural… Porque si visto el lodo del pecado uno se regodea en el fango… Tal vez, como dice Castellani, estos frívolos no pecan, por aniñados, por pusilánimes, por dormidos.
    Sigue Castellani:

    “Fausto sí peca: cuando seduce a Margarita sabe lo que hace; y por eso vacila y tiembla. (Don Juan no sabe lo que es vacilar, y esa es una de sus fuerzas). Fausto es el hombre que ha recibido la fe, que es ca¬paz de lo ético y lo religioso (es capaz del amor y no solamente del deseo): pero en el cual la fe se secó pronto porque él no quiso sufrir; y por tanto no quiso obrar conforme a la fe; y la fe sin obras es muerta.
    Cristo declara netamente que es el miedo al sufrimien¬to lo que suprime la religión en estos tipos; lo cual prueba que entienden lo que es religión, puesto que ven claramente que la religión los va a remolcar por un camino que les causa pavor; y por eso desengan¬chan al momento. Con éstos el diablo tiene más traba¬jo, pero también más cosecha. Con los primeros, “las aves del aire fuliginoso” se limitan a comerse las semi¬llas antes que nazcan; aquí ya interviene Mefistófeles con discursos, promesas y vivezas; y hasta con golpes de mano a veces. Lo demoníaco, que en Don Juan está oculto, aquí se hace visible”.

    Me parece que el tipo Fausto es el de la enorme mayoría de los habitantes de Nunca Jamás… Ven el mal, son testigos y hasta víctimas de él, sin embargo el temor a la incertidumbre del día siguiente si se atrevieran a dar el portazo, la inseguridad de perder su lugar, sus “seudo-amistades”, su pequeña o gran cuota de poder, los paraliza por miedo. No se atreven a hacer lo correcto por temor a la turbulencia del futuro. Prefieren soportar las tormentas del presente por miedo, por miedo a lo que vendrá.
    Sigue Castellani:

    “El tercer caso es más tremendo: allí la fe existe, pero está cubierta y como fagocitada y convertida en fermento de acción… y desesperación. Lo demoníaco es aquí inmediato: no necesitan un Mefistófeles al la¬do. Fermento de acción mundana, por supuesto, no de acción interna, que es la verdadera acción: de agitación, hablando en plata. Todos esos “hombres a presión”, esos hombres agitados y poderosos que han hecho gran¬des cosas (ruinosas) en la historia (“Gigantes viri famosi” los llama el Génesis) como Napoleón Primero o Hitler, son en el fondo hombres religiosos; pero su religiosidad está desviada. La Semilla cayó entre Espinas.
    Lo Religioso es lo que impulsa al Judío Errante a su fatídica errabundia: si no puede pararse es porque tiene fe, pero su fe está aprisionada por una pasión; — símbolo poderoso que creó el Medioevo para signi¬ficar el mismo disperso y errabundo pueblo judío.
    Ashaverus tiene verdadera inquietud religiosa: sabe que ha pecado contra Cristo y que ese pecado no es una cosa indiferente ni siquiera corriente, sino extraor¬dinaria y horrorosa; pero no llega a postrarse ante el Muerto a pedir perdón. Y entonces el Desasosiego es¬piritual, que es el manantial de la religiosidad, en vez de volverse fe se vuelve angustia”.

    Este es el caso de los menos, tal vez del Irreprochable… Pero lo peor de esto es lo que viene después:
    “Pero estos terceros infieles son los que más fácilmente se convierten: la Desesperación es la Enfermedad de Muerte, pero al mismo tiempo es el Remedio. Ashaverus se convertirá al final; el que no se convierta nunca es Fausto: Goethe se equivocó al hacer convertir a Fausto en su “Segunda Parte”. De hecho Goethe, que fue el verdadero Fausto, no se convirtió nunca — que nosotros sepamos. Fausto es la Duda; y la Duda no puede convertirse porque entonces se aniquila a sí misma — hablando en el mundo de las Ideas; puesto que sabemos que todo hombre puede convertirse si quiere. Pero en el mundo de las Esencias, Fausto convertido es una contradicción; lo mismo que un Caifás convertido”.
    Esto es tremendo, en buenahora para Ashaverus pero es tristísimo para la Legión de Faustos que quedarán entrampados en la mentira sin poder vivir coherentemente la Fe.
    Pero termina, esperanzadoramente, Castellani con lo siguiente:

    “Consolémonos: también hay tres tipos en los cua¬les la Semilla no se malogra, que son el Penitente, el Pío y el Perfecto. En unos da 30; en otros 60; en pocos da el 100 por uno, los cuales se llaman los Hombres del Ciendoblado. Estos son los hombres que hacen to¬das las cosas que predican; que tienen una fe total y todos sus actos expresan esa fe. Los que gritan son oídos en este mundo; pero mucho más son oídos los que no gritan y hacen. El Ciendoblado es el hombre cuya vida predica el Evangelio sin muchas palabras; que cuando habla del sufrimiento, sabe lo que es sufrir; cuando habla de la renuncia sabe lo que es renunciar, cuando habla del martirio sabe lo que es el martirio. Y cuando habla del Amor de Dios, dichoso él, sabe lo que es el Amor”.

    Aunque quienes tomen las decisiones piensen que tratando de esconder la mugre debajo de la alfombra salvarán al País de Nunca Jamás, me parece con Castellani que sólo lo pueden llegar a salvar –si acaso– los Penitentes, los Píos, los Perfectos: que obren lo que predican, que vivan en la verdad, que no tengan miedo a sufrir el desprecio de los poderosos, que prefieran elegir a Dios antes que a los hombres o a las Instituciones.
    Termina Castellani:

    “Los pecadores me araron el lomo” —dice el Profeta David profetizando los azotes de Cristo—; mas llegará un tiempo en que Cristo habrá de tomar el azote y ararnos a nosotros, para que nos salvemos aunque sea “tanquam per ignem”, a través del fuego. Peor es nada.

    La bomba atómica puede convertir a Europa, dice Belloc; y si no convierte a Europa, paciencia; por lo menos me puede convertir a mí”…

    Muy probablemente podríamos parafrasear esta última línea: La bomba atómica puede convertir al País de Nunca Jamás; y si no convierte a Transylvania, paciencia; por lo menos me puede convertir a mí.

    (Esto último vale para los lectores y comentaristas de SD. Cualquiera puede entender su necesidad de hacer catarsis, pero con eso no basta: Que esta Bomba Atómica que nos despertó, nos convierta).

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