Juego sucio

1

        «Quisiera Juego sucioentrar, pero el único problema es que tengo una 4×4… Si entro, ¿podría quedarme con ella?»– preguntó, cándido, el candidato.

        –«¡No te preocupés, no creo que haya problemas!»– le respondió el flaco Copetti, a la vez que le hacía una señal «de truco» a otro ivamporista que lo acompañaba.

        El candidato, entusiasmado y contento con el aparente «sí», se retiró. En su candidez, no se dio cuenta de que no era un «sí», sino un «no te preocupés, no creo que haya problemas» –que no significa nada–. Cuando el muchacho se fue, comentaron ellos entre sí: «Y sí… que entre: en todo caso, después habrá que enseñarle a ser más desapegado».

 

2

        Estaba entusiasmado, elocuente como nunca, le salían los más ingeniosos chistes y, por supuesto, las mejores sonrisas: estaba predicando sus primeros ejercicios ignacianos a jovencitas «vocacionables», como las llamaban los discernidores oficiales del reino. Digamos que eran ejercicios «clase A», aquellos que se confiaban de manera exclusiva a los que tenían todas las credenciales, mientras que los ejercicios «clase B», con mayoría de mujeres casadas, o viejas, o no vocacionables, se les confiaban a los «curas truchos»: los de mal espíritu, los que no tenían discernimiento, simplemente para dejarlos contentos y evitar que se «quejen» (porque, se quejan, ¿vio?, claro…, ¡si tienen mal espíritu!) de que no se los hace predicar ejercicios. Por supuesto: jamás, pero jamás-jamás, los eternos y sus adláteres y adpedes, reconocerán en los papeles y de manera explícita la existencia de una tal división. Es más: algunos de ellos hasta serían capaces de negarlo y de gritonear y descalificar a quien osare insinuarla –a la vez que también le preguntarían «¿quién te dijo eso?»–. El único problema es que la división es, simplemente, real y está, desgraciadamente, vigente.

La cosa es que estaba entusiasmadísimo. Había llegado a la segunda semana, tocaba dar la plática sobre la elección de estado y era el momento para «descubrir si tenían vocación». Habló, por supuesto, de las «excelencias» del matrimonio (tratando de dar lástima y de sacar a cualquiera las ganas de casarse) y de las excelencias de la vida religiosa: la más perfecta, porque contiene la imitación más perfecta de Jesucristo; si una chica está llamada a mayor santidad, está llamada a la vida religiosa. La vida religiosa tiene los tres votos, el de castidad, el de pobreza –acababa de encontrar una cita ideal de san Bernardo sobre ese tema en su tablet último modelo– y el de obediencia. El que hacía voto de obediencia estaba dispuesto a ir adonde fuere. Era el voto más meritorio.

 

Un cura viejo, que pasó por ahí de casualidad y lo escuchó, le preguntó después de la plática: «Che, ¿por qué no les dijiste también que por el voto de obediencia iban a estar obligadas a renunciar a todo atisbo de opinión propia en las cosas cotidianas y a pensar que la opinión correcta es siempre la de la superiora?».

Se quedó callado. Los dos conocían bien la distinción entre el voto y la virtud, pero sabían también muy bien que, en el efectivo orden del mundo de Calculetti, esa distinción no tenía significado alguno y que, en la práctica, el súbdito o súbdita estaba obligado a tener «obediencia de juicio» entendida en esos términos, so pena de ser tratado de desobediente y escrachado así en los informes. El cura viejo prosiguió: «Yo sé por qué no se los dijiste: porque si les decís eso, ninguna va a querer entrar. Y a vos lo que te interesa es convencerlas, NO hacer que vean».

Por supuesto, el jovenzuelo que gozaba de todas las credenciales, informó, como correspondía, que el cura viejo tenía mal espíritu.

 

3

Tesis: «Nuestro carisma es muy amplio, hay lugar para todo. Así que, si entrás con nosotros se verá cómo ubicarte en el lugar al que te sientas llamado: si querés dedicarte a los jóvenes, podés; si querés dedicarte al estudio, también; si querés ir a la misión, lo mismo; si querés dedicarte a la música sacra, también…».

El elenco de perspectivas abiertas por el amplio carisma continuó por un buen rato.

 

Antítesis: «Acá estamos para hacer la voluntad de Dios. La voluntad de Dios te la manifiesta el superior. Y si a vos te gusta el apostolado y el superior te dejó en secretaría, la voluntad de Dios es que te quedes en secretaría. Si te gusta estudiar y te mandó a la huerta, la voluntad de Dios es la huerta. Y si te gusta el trabajo en la huerta y te mandó a estudiar, la voluntad de Dios es que estudies. ¿Quién sabe de computación… a ver… vos? Bueno, vos vas a encargarte de los baños». (Para entender la antítesis, puede resultar de utilidad la lectura del post «Respetar las esencias»).

 

Síntesis: queda como tarea. La puede extraer el paciente lector, sin mayor esfuerzo. Damos algunos «tips»: psicología quebrada, depresión nerviosa, vicios por neurosis, deserciones…

Como nota ilustrativa, puede resultar útil observar que se trata de proposiciones formuladas en distintos momentos: antes y después de entrar al noviciado. Añádase que la antítesis, lejos de ser un momento de prueba transitoria, se ha mostrado ser prácticamente el modus operandi permanente. También lo es, claro está, la tesis. Porque uno es el modo de captar y otro es el modo de forrmar.

 

Fr. Juan Del Monte

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17 pensamientos en “Juego sucio

  1. A un cura amigo le llamaron fuertemente la atención (lo cag… a ped…) por haber enviado a un joven a conocer otras comunidades religiosas para que discierna su vocación… “Cómo se te ocurre hacer algo asi ? Si en la aldea tenemos lo mejor para cada vocación !… Ademas fuera de la aldea no hay salvación… Todos son progres menos nosotros !!! “

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  2. Yo reconozco haber obrado de esa manera cuando predicaba ejercicios.
    El fin eran las vocaciones no la “reforma de la vida ”
    El tema era que los ejercicios se transformaban en una especie de “leva” de vocaciones a la vida religiosa por supuesto aldeana.
    Dios nos perdone y nos ayude a cambiar.

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    • Estimado : para todos los que se arrepienten y buscan con sinceridad cambiar de conducta, Jesucristo no les niega su misericordia. El problema se dà cuando hay pertinacia en el error siendo consciente de que la verdad es otra. Muchos conocen la verdad y aún así defienden lo indefendible. En este caso estamos ante una situación peligrosa para nuestra alma, ya que sin arrepentimiento y enmienda no hay perdón divino, porque la persona misma, con su pertinacia en el pecado cierra las puertas a la Misericordia divina. Por eso, si esta arrepentido y busca enmendarse, quedese tranquilo ya que el Señor lo recibe con los brazos abiertos. Muchos deberían hacer lo mismo que ha hecho usted. Rogemos a Dios para que los Eternos y el Irreprochable también se arrepientan y cambien de actitud, ya que de lo contrario, yo no quisiera estar en sus panios el día del juicio final.

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    • ¿Cómo podés mencionar siquiera el ‘perdón de Dios’ … mientras seguís plenamente ‘integrado’
      a ese monstruoso ‘montaje sacrílego’ de esclavización de conciencias ???? …

      Mientras no lo desmantelen y ‘le echen sal’, previniendo a los eventuales incautos,
      seguirán siendo sacerdotes fieles de Moloch …

      ¡ BASTA YA DE IMPOSTURA !!!

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  3. Capítulo aparte está la cuestión de que una vez convencido el candidato, si se le cruzara por la cabeza la idea de salir hay que convencerlo a toda costa de que eso es una “tentación”…, que su deber es quedarse…
    Por otra parte cuando ya se ve que el candidato no va a morder el anzuelo, entonces se pierde todo interés en él (sea relación de “amistad”, de dirección espiritual o lo que fuere)

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  4. Hay manipulación de conciencias.
    Creo que varios lo hacen de buena fe porque así les enseñaron. Con el tiempo algunos se dan cuentan y no lo hacen más. Eso puede significar mudarse a otra aldea. Otros no se dan cuenta y lo siguen haciendo.
    El problema real es quien les ha enseñado ese modo de obrar y quienes con falsas razones lo avalan y promueven.

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  5. Me parece que después de veinticinco años de manipulación, abuso, sometimiento, desconfianza, apropiación de bienes y daños irreparables a tantas personas y familias, no pueden quedar muchos inocentes, sobre todo en las esferas medias para arriba. En San Rafael, podría contar sin problemas a más de uno, que se calla por amor a su conveniencia y no por amor a la verdad. Parece que el dios se les confunde un poco… si esto no es sectario, al menos es idolatria. Que el Verdadero Dios los ampare y los lleve a conversión.

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    • De ninguna manera digo que son todos malos, no lo podría sostener, sin embargo esto no es de ahora, el problema es viejo y conocido. Justamente por eso, deberían enmendarse, reconocer los males cometidos, confiar en Dios más que en los hombres (o él hombre)… y así sumaríamos muchos más para el lado de los buenos.

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