Una carta sobre el gobierno

castellaniSobre el Gobierno

P. Leonardo Castellani

A los RR. PP. Profesos de la Provincia Argentina S.J. Amados en Xto. Padres y Hermanos míos:

Vuelvo a pedirles perdón por mi osadía en dirigirme a ellos en forma desusada, siendo el menor entre todos. Me objetan no el fondo de mis cartas, sino “el procedimiento” (sic). A esto podría responder con Calderón: “que errar lo menos no importa si acertó en lo principal”.Pero la respuesta verdadera es preguntar: ¿qué otro procedimiento me quedaba? Los que creen que me quedaba algún otro, desconocen mi caso e ignoran la situación real de la Provincia. Se me cerró toda otra defensa; y N.M.R.P. General quiere que me defienda.

Estas cartas son actualmente en Dios y en mi ánima necesarias. Considerad los líos fantásticos ocurridos en Colombia y en Chile, curados con amputaciones dolorosas, posiblemente injustas. Análogos o peores se producirán aquí si no curamos.
Es inútil: una sociedad cualquiera debe conspirar a algo común y para ello debe estar gobernada. Ese algo no puede ser la mera conservación de la misma sociedad; y mucho menos (si es religiosa) el rejunte de dinero, o de la “falsa gloria que dan los hombres”. Ese es el tema de esta carta.

Sin conspiración a un Ideal, toda sociedad se va contra un escollo. Conspirar a algo, y gobernar, significa tener los ojos constantemente puestos en el fin común y medir con él todas las cosas. Porque la sociedad no es tal sino por causa de una obra que hacer en común. La raza, el idioma, la religión, las fronteras son los elementos materiales de una nación; lo formal es el “quehacer colectivo”. Quitado esto, languidece y se hunde la sociedad. El hombre va en la sociedad como la gota en la nube viajera. Pero para esto es menester que viaje la nube. Si la nube se estanca, la gota se pudre o se disuelve con acompañamiento de tronidos. Pues bien, eso le está pasando a nuestra amada Provincia, por falta de visión ideal arriba: no hay obra común, ni quehacer colectivo. Somos una nube de tronados.

Agudísima fue la conocida cifra política de Saavedra Fajardo: una flecha vertical y debajo el lema: “O sube o baja”. Eso es una sociedad. No es una cosa sino un movimiento. Es en todo instante algo que viene de —y va hacia. Córtese por una hora la vida de un Estado civil que lo sea realmente, y se hallará una unidad de convivencia que parece fundada en tal o cual elemento material: sangre, idioma, fronteras naturales. Una interpretación estática nos llevaría a afirmar: eso es el Estado. Pero pronto advertimos que esa agrupación humana está haciendo algo en común: conquistando otros pueblos, defendiendo sus intereses, fundando colonias, independizándose o federándose. Es decir, que en toda hora está superando el principio material de su unidad. Ese términum ad quem define un Estado. Cuando ese impulso al más allá cesa, la sociedad automáticamente sucumbe, su unidad se torna sólo aparente, su convivencia empieza a minarse por dentro, desfallecen las dos bases fundamentales del consorcio social: la justicia, que socialmente se llama derecho, la caridad, que socialmente se llama concordia. ¿Podría jurarme alguno de Uds., amados hermanos, que en nuestra Provincia hay mucha concordia y se guarda estrictamente la justicia distributiva? Lo contrario lo tengo por verdadero; y no me parece muy descaminado el descamisado poeta que dijo: Sociedad de Jesús… ¿Qué es lo que dije? Cada cual hace aquí lo que él elige. El contrato social no rige Más aparentemente. Ésa es la verdad, No somos una sociedad, Sino un montón de gente.

¿Cuál es en esta Provincia la obra común de servicio de Dios y de su Iglesia que justifica nuestra reunión en un cuerpo? No se ve muy claro, antes se ve paladinamente una cantidad de los NN. haciendo obras de clero secular, de salesianos o de hermanos lasallenses; otra cantidad de los NN. haciendo obras de jesuitas pero enteramente desperdigados y solos; y otra cantidad no haciendo nada. Si nuestra obra común son los “colegios”, por ejemplo, (tema que discutiré en otra carta) ¿por qué no se forman entre nosotros profesores y directores aptos, autorizados, y aun diplomados? Ni eso se hace, que es una tarea mínima y de pura honestidad profesional; y en consecuencia, nuestros colegios están en visible decadencia, no sólo absoluta, sino también relativamente —a los otros colegios católicos de la Capital— lo cual es un simple colmo, por estar la Enseñanza argentina bastante baja.

Me han contado esta anécdota. El R.P. Tomás I. Travi dijo en Regina muy fresco: “Hasta el año 1955 no tendremos buenos profesores, porque no tenemos gente”. Respondióle francamente y muy bien el P. Gonzalo Palacios de Borao, huésped entonces de esa casa: —”Ni tampoco en el 55, ni siquiera en el 95 los tendrán, si no los forman. Y ahora mismo los tendrían, si los hubiesen formado”.

No hay ideal provincial ni obra común, porque no hay visión arriba, porque se gobierna siguiendo la rutina y el provecho inmediatamente. —Con esto no acuso al actual P. Provincial, a quien respeto, ni a nadie. No me toca a mí acusar, sino establecer hechos ciertos. —Permitidme, amados PP. y hermanos míos que ilustre esta tesis con un ejemplo propio. Conservo en un álbum preciosamente coleccionadas las “censuras” que merecí de mis hermanos en mis tiempos de escritor, actividad a la que acabo de renunciar al menos temporariamente por dificultades de salud y de toda clase; pero que ha constituido durante diez años para mí una preciosa experiencia. En esas ciento y pico de censuras de mi Madre la Compañía es donde leo yo como en un aviso luminoso la tesis que senté arriba de que desfallece entre nosotros la caridad, que se llama concordia, y la justicia que se llama derecho, por falta de trabajo común; y que en consecuencia se disuelve la convivencia. En efecto en esas 153 censuras hay un 45% que son negativas, es decir, que rechazan rotundamente y sin dar razones mi trabajo como inútil; y hay 10% de censuras que lo hacen en forma hiriente y ofensiva, a veces con una guaranguería absoluta. ¿Será posible (pregunto yo) que un hombre que es escritor desde que nació, que fue elegido luego por la Compañía para eso, que fue preparado con larguísimos y costosísimos estudios en los cuales tuvo éxito, que fue doctorado por las Facultades más acreditadas del mundo, se equivoque cincuenta veces cada cien —una vez de cada dos veces que escribe— y se equivoque en tal forma que su escrito no se pueda arreglar ni corregir, sino que deba ser simplemente destruido? Dice San Juan de la Cruz que todo hombre está obligado a acertar en su oficio. Si este hombre desacierta en tal forma, es un caso de absoluto fracaso. Y si la Compañía con tanto trabajo produce casos tan monstruosos, es un fracaso ella misma —digamos per reductionem ad absurdum— y debería disolverse como un estorbo y una ruina, porque está hediendo en el mundo.

¿Por qué los censores liquidan con tanta placidez el 45% del trabajo de un hombre para quien el trabajo no es lecho de rosas? Porque a ellos no les duele nada en esa destrucción, no teniendo nada en común con la obra de ese hombre. Cortan en carne ajena. Esto se prueba fácilmente con la contraparte del caso, que es censura debidamente ejercida. Este hombre formó parte una vez de una redacción cualquiera, llámenla X. Allí pasaba por otra censura, porque era una publicación metida en continuos peligros, que tenía que cuidarse. Sus artículos eran leídos en voz alta, en camaradería de trabajo, ante los otros redactores, lo mismo que los de todos ellos, incluso los del Director-propietario. Allí se ejercía entonces una censura concorde, cariñosa, caritativa y justa. Nadie se atrevía a insultar, al contrario, colmaban de sinceros elogios al compañero. Cuando uno tenía que oponer un reparo, pedía mil perdones y hacía mil salvedades. Nadie hablaba de destruir el trabajo, antes bien se ofrecían a ayudar a concluirlo. Cuando el autor modestamente hablaba de destruirlo él, protestaban con el grito en el cielo. ¿Por qué todo esto? ¿Por ventura eran ángeles? ¿Eran religiosos? ¡No eran sino pobres periodistas y periodistas “nazis” por añadidura! ¿Por qué pues tanta caridad? ¿No lo veis? Porque el artículo formaba parte de la “obra común”, del quehacer colectivo. No les convenía que se destruyese. Les convenía que se mejorase.

¿Y cuál es, AA. HH., el quehacer colectivo de los jesuitas, la obra propia específicamente de ellos en cuanto tales? Vosotros lo sabéis mejor que yo, mis Amados Padres y CC. Hermanos en Jesucristo: es “ayudar a la Iglesia en su lucha actual, no como artillería, ni infantería, ni zapadores, sino como caballería ligera”, es decir, en los puntos decisivos y más fragosos de la batalla y en las actividades más heroicas y difíciles, que no son otras que las más espirituales e intelectuales; es luchar contra la herejía hasta la muerte con las armas del espíritu, que no son otras que la cota de la fe, el escudo de la buena voluntad, la gálea de la justicia y la espada de Espíritu, que es la palabra de Dios (Eph. VI, 15); es el “bautizar lo sociológico”, según el aguda fórmula de César Pico, que no es otra cosa sino la traducción pintoresca de la fórmula de N. Santo Padre Ignacio acerca del “bien más divino”.

¿Qué hace para eso nuestra actual Provincia? No hace nada. “Se defiende”, como dicen; y aun allí, se defiende mal, porque está visiblemente perdiendo terreno. El P. Claudio Acquaviva decía que cuando una sociedad emplea todas sus fuerzas en meramente conservarse, esa sociedad anda enferma. En efecto, ésa es la definición misma del organismo viviente traumatizado, intoxicado, o anemiado. La “fiebre”, no es más que eso, es un eliminar la actividad externa y concentrar las fuerzas vitales del cuerpo sobre sí mismo. (…)

El conservarse no puede ser el fin último de ningún ser, dice Santo Tomás de Aquino. “Quia impossíbile est quod illius rei quae ordinatur ad aliud sicut ad finem, últimus finis sit ejusdem conservatio in esse“.

¿Y dónde está si no aquí la causa fundamental del creciente distanciamiento y aun aversión que se está abriendo entre la Compañía y las otras religiones, la Compañía y los Obispos? Problema éste en el cual no se hace actualmente nada; y en el cual nada se hará mientras no se toque la raíz principal del morbo, que es percibir claramente hic et nunc el trabajo específico de la Compañía (que no habrá peligro nadie nos dispute, porque es el más arduo) y ponerse bravamente a hacerlo. Hemos de volver los ojos, amados Padres y Hermanos, a nuestros primeros Padres, y retornar a nuestros orígenes, tomar contacto con nuestra fuente radioactiva de un Javier, un Laínez, un Fabro, un Campion, un Southwell; de esos mártires ingleses cuyas vidas me inundan de consuelo por ofrecer ejemplos tan extremados y tan aparentes a los terribles tiempos que vivimos.

Perdonad mis atrevimientos líricos y rogad por mí al Dador de toda Lumbre, Padre de las Misericordias y Dios de toda consolación, el que nos salvó en la esperanza de las promesas de su Hijo, y nos quiso elegir en la Compañía de su Nombre.

Professus Infimus

Anuncios

19 pensamientos en “Una carta sobre el gobierno

    • Los finqueros suelen decir que todos los que los critican son resentidos y justamente la catarsis evita el resentimiento. Distiende.
      Las cartas -al menos la de la obediencia- ya fueron desautorizadas por las máximas y supremas autoridades. Leyéndolas se entiende por qué.

      Me gusta

    • Juanita, cambie de caset, que ya estamos aburridos de “escuchar ” siempre lo mismo. Hagale caso usted a SD y lea de nuevo las respuestas que le han dado a “su sugerencia incisiva” (por no decir suicida). Feliz Navidad!

      Me gusta

    • Interesante que siga leyendo todos los posts! Bueno, resulta que si Castellani no decía que se trataba de los jesuitas, pensaba que se refería a la una orden argentina a la que pertenezco hace más de 20 años….

      Me gusta

    • En realidad las parábolas son lo más interesante justamente porque las parábolas sirven a todo el mundo. Tan útiles son las parábolas que sirven para todas las aldeas neoconservadoras del siglo XX. Para las aldeas argentinas, mexicanas y, santo mediante (¿¿??), hasta para las aldeas elitistas españolas… Todo este blog debería ser de lectura obligatoria para todo superior religioso de cualquier aldea, nueva o vieja, estoy seguro que si un posible superior se tomara el trabajo de leer concienzudamente este blog le sería de enorme provecho, aun sin estar de acuerdo en todo lo que aquí se dice o hasta sin estar de acuerdo en nada…. Lo aquí explicitado obliga a pensar, el superior de marras debería elaborar una contrateoría dándole un lugar y una solución, al menos según él, a los problemas aquí planteados. Debería crear un espacio en su cosmovisión de la vida religiosa para estas temáticas, y ya simplemente teniendo relieve consciente de estas temáticas pertenecería a una elite ultrapequeña del 0.01 % de los que no simplemente son actores inconscientes de estas aberraciones sino que saben explícitamente de su existencia y de las consecuencias que conllevan.
      Por otro lado la parábola tiene el fantástico efecto de dejar en offside la falacia ad hominem, la favorita absoluta del irreprochable, sin poder denigrar a quien habla, sin la tribuna que aplaude y teniendo que hablar solamente de los argumentos el irreprochable no es más que un triste mediocre intelectual y un chabacán del pensamiento, justamente porque la parábola es inmune al sociópata, está en otra dimensión, donde la parábola no se mancha.
      Por otro lado, Juan del Rey, usted se equivoca tanto que muchos de los que escribimos aquí ni siquiera lo hacemos por catarsis, algunos ya hemos procesado todos los daños hace tiempo y simplemente esta creación de parábolas muestra, además de una iluminación intelectual, un camino para ayudar a procesar tanto mal hecho y recibido. También, y esto le puede parecer vanidoso, es una oportunidad de ejercicio estético, por lealtad no puedo dejar de decirlo, es algo humano querer crear belleza en parábolas y, de eso, también hay mucho aquí, quien tiene buen paladar sabrá detectarlo, quien no, mi estimado amigo, por más que escriba libros, será una dimensión que se le escape: Quod natura non dat Salmantica non praestat, o en esa medianamente bien escrita poesía argentina: “al que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen”.
      Para finalizar, entre tanto que usted se equivoca: sic «salvo para catarsis de uds, no le sirve a nadie», la catarsis del otro es maravillosamente útil para los demás, ¿qué son sino catarsis la mayoría de las producciones estéticas (poesía, literatura, etc.) y justamente por esta dimensión catártica no es que sintonizamos en lo más profundo del alma con el otro?¿existe algún tipo de producción estética que sea realmente capaz de conmover que no tenga alguna dimensión catártica del alma del artista?
      Por otro lado, es de agradecer de rodillas las “catarsis” de Cristo contra los fariseos, por toda la eternidad harán temblar y temer, no solo al fariseo, sino al abismo sempiterno al que nos hace asomar el Señor cuando nos describe milimétricamente en qué podríamos convertirnos.

      Le gusta a 1 persona

      • Algunos le responden por caridad cristiana, ya que corregir al que yerra es una obra de misericordia (aunque lamentablemente muchos no lo ven asi y tratan de “resentido” o de tener “mal espiritu” a quién obra por caridad fraterna ).

        Me gusta

  1. Pobre Castellani….tenía “mal espíritu”….fue “expulsado”….y la “Compañía no cambió” (“se siguió conservando a sí mismo”)….vaya novelal!!!!……………cualquier coincidencia con la realidad esperemos (ten makarían elpída) que no sea ESTE el final…..MARANATHÁ!!!!

    Me gusta

  2. Cuando en una sociedad se pierden los ideales o el “espíritu que le dio inicio” solo queda la formalidad del grupo y sobresalen las singularidades.

    Esto sucedió y sucede en la Aldea.

    No hay un trabajo en común y la famosa “caridad exquisita no solo se ha enfriado sino que ya no existe”.

    Ante esto surge el “vampirismo eclesiástico”, es decir se le succiona la sangre a aquellos que la están dando, no por el ideal corporativo sino por el de Jesucristo para hacer publicidad corporativa: Gaza, Siria, Irak, Obras de caridad, etc. Ellos lo presentan como obras de la Corpo pero son “los individuos e individuas” que están dando la vida allí en la “aventura misionera” (que ellos siempre esquivaron) los verdaderos protagonistas. Bastaría preguntarles a esos misioneros que piensan sobre el apoyo de la Corpo y seria suficiente… en un capitulo general corporativo uno de esos misioneros dijo que no tenían para comer…el Irreprochable respondió (obviamente): “confía en la Providencia querido…” (obviamente) ellos todas las noches se bajaban alguna botella de Johnny W.

    Castellani fue y es profetico, y así le fue al pobre.

    Esperemos que todavia haya tiempo de reflexion y de cambio o conversion.

    Dios quiera.

    Me gusta

  3. ¡¡¡Esta carta es excelente!!! Y pinta con precisión lo que hoy acontece en la Iglesia, que afecta a esta y otras “sociedades” cuando dice: “Es inútil: una sociedad cualquiera debe conspirar a algo común y para ello debe estar gobernada. Ese algo no puede ser la mera conservación de la misma sociedad; y mucho menos (si es religiosa) el rejunte de dinero, o de la “falsa gloria que dan los hombres”. Nada puede subsistir sin un ideal que no sea sólo seguir existiendo…

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s