Respetar las esencias

animales7         El niño había dejado de jugar con las brasas semiconsumidas que iban quedando en el borde y lo miraba lleno de admiración y curiosidad a la vez. Su tío Juan –«tsío Yovan-ni», lo llamaba Tomasito– estaba absorto leyendo un libro. Eran cuentos de Marco Denevi.

        –«Zio Giovanni, ¿me leés, dáaale!». Estaban sentados delante del hogar, y el tío leía mientras cada tanto saboreaba una bocanada de un buen Rattray’s Charles Mixture aromatizado de vainilla, en una pipa larga.

 

        –«“La existencia y la esencia”– empezó el tío en voz alta. Y siguió leyendo:

        Un día los animales se presentaron en corporación delante del Hombre. Amo –dijo el Loro–, venimos a pedirle una cosa: que nos provea de documentos de identidad.

        –¿Y para qué quieren documentos de identidad?– preguntó el Hombre.

        –¿Cómo para qué? ¿Y ustedes los hombres para qué los quieren? Nosotros no somos menos, también necesitamos saber quién es quién. Tenemos miedo de que alguien que no sea loro se haga pasar por loro.

 

        El Hombre simuló estar de acuerdo. Ese mismo día proveyó a cada animal de un documento de identidad en el que, debajo de una fotografía del interesado, podía leerse su nombre. La firma del Amo certificaba la veracidad de esos datos.

 

        Los animales estaban en la gloria. Se mostraban unos a otros sus documentos.

 

        –Fíjense –decía el Perro– ¿Ven aquí mi foto? Este soy yo. Y estas patas de mosca, según el Amo forman mi nombre.

 

        El Hombre los oía y se sonreía…

 

        La jornada había sido tan excitante que durmieron profundamente. Cuando amaneció, apareció el Hombre. Se dirigió directamente hacia el Buey, le dio un coscorrón y exclamó: –¿Qué haces aquí durmiendo a pierna suelta? Y entretanto los ratones corren de aquí para allá. Vamos, a cazarlos–. El Buey, medio adormilado dijo: –Amo, se equivocó de animal. Yo soy el Buey.

        El Hombre gritó: –Lo que pasa es que quieres seguir holgazaneando, pero a mí no me engañas.

        El Buey ya bien despierto le dice: –Amo, usted sufre algún trastorno ¿Me ve facha de gato?

        –Me limito a mirar tu documento de identidad– y leyó: Gato. –¿Y ahora qué dices? De modo que a cazar ratones, o te meto dentro de una bolsa y te arrojo bajo las ruedas del tren.

        El Buey, aterrado, se alejó corriendo en busca de ratones.

 

        El Gallo, que se había levantado, sacudió sus plumas, se subió a un poste e iba a dar gran clarinada, cuando se le acercó el Hombre.

        –Vean a este Caballo, se hace el payaso ¿Quieres quebrarte una pata? Bájate enseguida.

        El Gallo parpadeó de estupor y dijo: –Amo, si es una broma está bien, se la festejo.

        –Cómo una broma ¿Desde cuándo? ¡si tú eres un Caballo!

        –Soy Gallo, Amo, no hay más que verme; si se desayunó con vino…

 

        El Hombre aparentó encolerizarse: –te doy un minuto, caballo, para que desciendas del poste y vayas a tirar del arado. De lo contrario aquí está mi látigo.

        El Gallo comprendió que no era una broma.

        –Amo: ¿quiere leer lo que dice mi documento de identidad?

        –Léelo tu primero.

        El Gallo leyó horrorizado: Caballo.

        Lanzó un tremendo quiquiriquí. –¿A usted le parece que esto es un relincho?

        –Yo no sé si es o no un relincho, tu documento dice Caballo, tienes veleidades de tenor. Ahora te unciré al arado. El Gallo resopló, forcejeó, la cresta se le puso violácea, le brotaba espuma por el pico.

        Todo fue inútil: el arado no se movió. El Hombre hacía restallar el látigo sobre la cabeza del Gallo, pero éste cayó exhausto en tierra.

 

        El Gato observaba al Buey: –¿Se puede saber qué haces sentado, mirando fijo un rincón?

        –Estoy cazando ratones– suspiró patéticamente el Buey.

        –¿Te has vuelto loco? Ese es mi oficio.

        –Ya lo sé, pero mi documento dice: Gato, el Amo pretende que cace ratones y lo peor, que me los coma.

        –¿Tu documento dice Gato? ¿Y el mío?– Leyó espantado: Jilguero.

        En ese instante el Hombre lo toma por el pescuezo. –¿Con que te escapaste de la jaula?– El Gato no lanzó ni un miau.

 

        Al finalizar ese día, la Vaca había sido obligada a meterse dentro de la casilla del perro; el Loro a codearse con las gallinas; el Perro a amamantar a los terneros y el Caballo hacer equilibrio sobre la percha del Loro.

        Todos estaban a punto de morir…

        Entonces, con una gran risa, el Hombre les arrancó los documentos de identidad y les dijo:

        –Felices de ustedes, que no necesitan documentos de identidad. No como nosotros los hombres.

 

        Pero tampoco les aclaró por qué los hombres necesitan documentos de identidad.

        … ¡No habrían comprendido!».

        –«No entendí nada, zio. ¿Qué significa?».

        –«Es difícil de decir y es difícil de entender, Tomasito, sobre todo para quien no lo ha vivido».

        Al tío le gustaba, cada tanto, hablar como en enigma. Sin embargo, no era, el suyo, un estilo complicado. Al contrario, era sumamente claro.

        Prosiguió: –«Es difícil, es difícil. Pero es lo que sucede cuando el orden natural de las cosas se trastoca, la verdad se tergiversa, el montaje obtiene más valor que la realidad, la máscara que el rostro. Es lo que pasa cuando la materia funciona de forma y la forma de materia, y cuando no se respeta el orden y la jerarquía natural de las cosas. Es lo que ocurre cuando la institución está por encima de la persona. Los rótulos no cambian el ser de las cosas, y hay que respetar la naturaleza de las cosas. La arbitrariedad y el voluntarismo ciego destruyen toda empresa y toda humana convivencia. El hombre de la fábula trató de darles una lección a los animales; pero hay animales que no han entendido».

        Tomasito siguió sin entender. Hasta que, lamentablemente, le tocó vivirlo.

El tío Juan

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10 pensamientos en “Respetar las esencias

  1. Dijeron entonces todos los árboles a la zarza: “Ven tú, reina sobre nosotros”… Jueces 9,14.
    Si la zarza hace los documentos de identidad es bastante lógico el resultado.

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  2. Siempre los buenos deseos son nobles, quien no los tiene!.

    El problema es cuando los buenos deseos se presentan como algo real HIC ET NUNC. Ciertamente que se puede desear ser comandos eclesiásticos o los apóstoles de los últimos tiempos… quien no lo quisiera ser si es para la gloria de Dios y salvación de las almas!…pero analicemos la realidad muchachos, el producto…se pueden largar slogans de “no ser esquivos de la aventura misionera” (sentencia nobilísima!) pero los eternos siempre estuvieron en la eterna olvidando que el ejemplo va de arriba hacia abajo… ellos mandaron y mandan gente a la aventura misionera… gente que no eran comandos, sino quizás “aspirantes a comandos” y la muchachada termino mal.

    Oprimieron los carismas, se transformaron el “pisa brotes”, cortaron a mas de un pájaro el vuelo.

    Claro, diría el Irreprochable, en la guerra siempre hay bajas… mientras se deleitaba con un Johnnie Walker etiqueta dorada y alguno le pelaba una naranja y le pasaba los gajitos…

    Se puede aspirar a tener “pensadores” y promover a “Fornelio Cabro”…pero diganme en conciencia: “quien carajo leyó al Padre “Cabro”?” quien leyó la Summa totalmente…digo leerla…no entenderla…intus legere…

    Es finalmente la trampa de la proposición Cartesiana, se ha puesto el deseo (repito noble y bueno) como una realidad, y como la realidad (en este caso) es en verdad solo un buen deseo se fue todo al carajo… hay que “obedecer” a la realidad cari amici.

    Como diria el desquisiado de Jeronimo del Rey que promovia el poner motes:

    Para saber mandar
    Hay que saber bastante obedecer
    Y hay que saber bastante padecer
    Para saber un poco castigar…
    Pero para saber ser desdichado
    Hoy día lo dan gratis o al fiado.

    De enemigo pequeño
    Me libre Dios, que al grande yo lo obligo
    A ser mi esclavo o dueño
    Y lo elimino así como enemigo.
    Antes de hacer macanas, dáos al ocio
    La injusticia no es siempre buen negocio.

    No oprimíais los carismas.
    No matéis al profeta, sacerdotes.
    Ellos tienen sus prismas
    Y ven cosas, y encima ponen motes.
    No cortéis a ningún pájaro el vuelo.
    Con esto y algo más se gana el cielo.

    Aunque estéis en la cima
    No creáis que veis todo o que sois todo.
    No es para siempre estar encima,
    El hombre para Dios es siempre lodo.
    Dios nos libre de burros y sus coces
    Y de los hombres que se sienten dioses.

    P. Leonardo Castellani. Carta al gran Vizir. Su Majestad Dulcinea

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      • porque es un pseudonimo y como dijo el Supremo:
        “Estimo que si una persona no firma lo que escribe, lo que dice carece absolutamente de valor. Es como si escribiera en el agua. Es más, su mismo “método” de comunicación pone de manifirsto que se trata de una persona con serios problemas personales, y que carece de valor para mostrar la cara y por lo tanto utiliza un “doble” para manifestarse. Es decir, se trata de personas con dos identidades: la suya propia y la anónima, siendo esta última una especie de subsidio a su falta de entereza y valor personal.”…

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  3. Muy bien por el cuento tío Juan! Se parece a la historia del trágico Ivrancatelli, que proponía las comunidades solitarias, y el que no lo entendiese no tenía el espíritu de la empresa…

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      • Me hizo acordar cuando una vez un delegado de alguna comisión para seminarios le preguntó al irreprochable “¿cómo afrontaban el problema de la sexualidad en el seminario?” y él respondió altivo: “De modo glorioso”. A la postre, después de los años, venimos a saber lo que significaba la palabra “glorioso”…….. para él

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  4. La verdad es que con este post se pasó SD. Muy pero muy bueno! Es tal cual. De hecho el Supremo es especialista en No respetar las esencias y usar la restriccion de conciencia para justificarse. En definitiva, miente y ensenia a mentir. Muy bueno y esclarecedor este post.

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