La historia de Fray Inepto

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La historia de Fray Inepto

 

“Os aseguro que, mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una iota ni una tilde de la ley hasta que todo suceda.” (Mt 5, 18)


Fray Inepto estaba fijado con este versículo desde su entrada al noviciado. Nunca se supo bien por qué. Pero lo que si se supo, es que fiel a su fijación, a todo le ponía una “i”.
Quería quedar en el recuerdo de los frailes como el fraile de la “iota”. De hecho, su nombre verdadero era Fray Iota, pero por esas malas costumbres de La Estancia, se lo conocía como Fray Inepto entre los buenos, o Fray Idiota entre los malos.
A todo le ponía una “i”, tal era su devoción.
Por eso, en el opúsculo “Vita Frater Iota”, escrito por Fray Parlanchín, donde debía decir “fundó “ una ermita, decía “fundió” una ermita. De hecho fue así, dejó una deuda millonaria, pero como era fraile preferido, se fue con gloria a nuevos pagos.
Cuando Fray Omnipotente se le dio por fundar casas de estudio y qué no otra cosa, mandó una orden a los frailes del mundo entero a comenzar con las obras. Obviamente que cada fraile debía hacer todo por sí mismo, sin más ayuda que el aliento de arriba. Era tan irracional el planteo, que obviamente no pasó nada… Bueno, casi. Tal vez fue la “i” de irracional, el signo que motivó a Fray Inepto a verlo como algo divino. Es que si hay algo que Fray Inepto no sabía, era discernir. Y se puso manos a la obra. Había que fundar un “studium”. Los frailes, aquellos a los cuales no les quedó otra que seguir la santa obediencia, se pusieron manos a la obra. El problema fue que Fray Inepto los pasó por encima. O no les hizo caso. O lo que sea. Se dice que en realidad Fray Inepto no tenía nada que ver con la obra, pero igual se metió, y como todo lo que tocaba lo arruinaba, la obra finalmente se fundó. Perdón, se fundió.
Pero esta sección de la “Vita Frater Iota” es escueta e ilógica. Lo que si es cierto, es que todo comenzó por el plan de estudios. Los frailes habían propuesto la renombrada Ratio Studiorum. Pero  Fray Inepto detestaba todo lo racional. Por eso cuando llegó la hora de votar por un plan, Fray Inepto no tuvo peor idea que implementar la Irratio Studiorum, de dudosa procedencia y efectividad. Y como Fray Inepto tenía mucha ascendencia, de nada valió que los frailes objetasen. Fueron todos condenados y sentenciados al olvido. Y como los frailes predijeron, la obra se terminó hundiendo. Pero igual a Fray Inepto no se le contaban los errores, porque era hombre fiel. No pensaba. Y cuando pensaba, era irracional.
Después de que fundió la Ermita, y lo removieron de su cargo, los frailes estaban esperanzados de que finalmente volvería al monasterio y dejaría de hacer estragos. Pero ocurrió lo que nadie esperaba.
El abad se murió. Dicen que de problema de corazón, por las divisiones que él mismo había ocasionado. De hecho, la cosa estaba que ardía en el monasterio. Tal vez fue por eso, que al llegar la noticia a la ciudad eterna, Fray Ivrancatelli no tuvo mejor idea que elegir a un neutral, y no tuvo peor idea que nombrar a Fray Inepto…
Y así fue como Fray Inepto se convirtió en abad. Y fundió el monasterio.

Relatar como ocurrió sería largo y tedioso. Tomemos sólo algunos ejemplos brindados por Fray Parlanchín.

Ante todo, los monjes, al ver que tal fraile sería su abad, se movieron y buscaron a los más capaces para brindar apoyo a Fray Inepto ante tremenda responsabilidad. Fray Inepto hizo lo mismo, y buscó a los más incapaces para su consejo. Y salió con la suya. Bueno, a medias. Los monjes votaron a los suyos, y Fray Inepto impuso a los suyos, dos trepadores, ineptos, y que se la pasaban todo el día en el Monasterio de Santa Escolástica. Así fue que Fray Vizcacha y Fray Bizkaia llegaron, y se aferraron al poder.

Su tarea primera como abad era reconciliadora. ¡Y vaya si lo logró! Lo primero que ordenó fue llevar adelante el “Plan Irreconciliador,” diseñado junto a sus secuaces. Tal era Fray Inepto. Y en sus adentros repetía: “No quedará Iota sin cumplirse.” Y así fue que dividió a todos.

Después tenía que acompañar a sus frailes, pero los sumió en miserable abandono. Debía traer claridad después de tantos años de oscuridad, y no hacía más que embarrar las cosas, y confundir aún más. Pero para él, todo estaba mejor que nunca, y solía repetir a los monjes nuevos: “Si no lo hacemos nosotros ¿quién lo va a hacer?”

Su período de abad fue tortuoso. Y de mucha mala suerte también, para ser bondadosos con su gobierno. No tenía la culpa de todo. Se le iban monjes, se le cerraban ermitas, le expulsaban sus monjes de otras ermitas, y lo peor de todo, es que ni entre los tres frailes sabían que hacer… Pero para él todo iba mejor que nunca. Y cuando cada tanto algún monje le observaba que todo se hundía, Fray Inepto tenía una respuesta armada: “Son todos malentendidos.”

Hasta las hermanas de Santa Escolástica se daban cuenta de que era un inepto, y se reían cuando escuchaban a un monje llamar al abad por su sobrenombre.

Es que Fray Inepto tenía todas las condiciones para no ser nombrado abad. Pero Fray Ivrancatelli y compañía eran hombres ciegos, que necesitaban de abades ciegos. Y Fray Inepto les venía como anillo al dedo.

El colmo de su mandato fue cuando creyó ser como Dios. Es decir, cuando entendió que la obediencia significaba que todos los monjes debían hacer lo que él quería, porque su voluntad era la manifestación del obrar divino. Así nomás, sin discernir, y sin rezarlo. Mandaba a diestra y a siniestra, se contradecía, daba marcha para atrás, volvía a mandar, y cada tanto se tildaba. Y cuando se tildaba le duraba días, a veces semanas, y en una ocasión meses. No hablaba nada. Estaba como perdido. Y si hablaba, hablaba solo. Y así fue que en uno de esos ataques se tildó para siempre. Y como Fray Parlanchín se quedó sin material, ahí acabose el libro.

Hasta aquí mis memorias de la renombrada “Vita Frater Iota,” de la cual salté muchos capítulos para no hacer tedioso mi relato. Tal es la obra que nos dejó Fray Parlanchín. Los ejemplares se vendieron como pan caliente, pero como era la vida del abad contada en tono realista, todos los monjes curiosos fueron condenados al destierro y al olvido. Todos menos Fray Parlanchín. Los monjes nunca entendieron por qué fue que zafó. En realidad lo que pasó es que Fray Parlanchín sabía demasiado. Y temían que escribiera muchas otras vidas más. Y por eso mejor era tenerlo cerca. Porque desterrado se volvía peligroso. Y así fue que Fray Parlanchín murió en paz, gozando de la tranquilidad del monasterio. Y no escribió nunca más nada. Bueno, en realidad, eso era lo que pensaron. Sí escribió, mucho, de todo, y de todos. Pero fue vivo, y para que no lo destierren, ya que no tenía donde caer muerto, decidió ir escondiendo sus escritos en un baúl… Ahora estoy desempolvando varios folios. Pero esos relatos quedarán para más adelante.

 

Fray Raymundo

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9 pensamientos en “La historia de Fray Inepto

  1. Comentan, que quien reemplazo a Fray I estaba muy ilusionado, iba a reemplazar al Fray I !!! que honor!!! pero cuando abrió el paquete no supo que hacer ya que en el “relato” le habían dicho otra cosa…por la deuda de la ermita…vio… y otras cosas. Y dicen que ahora el pobre anda estresao y con ganas de pegarse el palo a su querencia por el tata… cosa que es justa por demás, pero primero esta el relato.

    Como el Infalible dijo una vez en el Lago N.: “son aborteros de almas”. Se refería a los otros…

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