Elecciones

dedocracia

        Habían copado todos los puestos de gobierno.

        Se habían mantenido en el poder durante años y buscaban perpetuarse en el mismo.

        Si no seguían ellos, seguirían los incondicionales del movimiento, los jóvenes idealistas y entusiastas de la causa.

        Esos jóvenes que eran también una fuerza de choque cuando hacía falta.

        Esos jóvenes de quienes salían aquellas figuras excepcionales que, sin necesidad de experiencia ni de estudios, podían administrar cualquier cosa que se les confiase, respondiendo ciegamente a las directivas del gobierno. La designación creaba la capacidad.

        Ellos eran los mejores. Sabían de todo y de todos. Y todo de todos. Los demás, no sabían nada de nada.

        Si alguien osaba manifestar un desacuerdo o dar un paso al costado, tenía que saber que se le venía encima un carpetazo demoledor.

        Si alguien osaba manifestar algún mínimo tipo de disenso, aunque no necesariamente de manera confrontativa, inmediatamente era considerado un traidor y era marginado y sepultado en una elocuente damnatio memoriae: ningún proyecto se había debido a su iniciativa, ningún emprendimiento, ningún éxito. Los nombres no contaban, contaba la causa; y cuando algún nombre se separaba de la causa, dejaba de ser.

        Confeccionaban listas (negras) para dejar bien en claro quién estaba con ellos y quién no, a quién se le abrían las puertas y a quién se le debían cerrar, a quién había que promocionar y a quién no.

        Habían manipulado sutilmente las elecciones precedentes. Lograron convencer a tantos jóvenes inexpertos dándoles cargos que los obligaban a responder verticalmente a la directiva oficial: se les hacía creer que gobernaban, mientras simplemente se los usaba como meros ejecutores de la línea que se les bajaba. La técnica era un clásico: designando gente inexperta obtenían automáticamente la fidelidad ciega.

        Buscaron manejar los medios de comunicación y todas las fuentes de información. Internet les resultó un verdadero dolor de cabeza. Y en cualquier diálogo o reunión entre los «no-alineados» que descubriesen, encontraban fundamento suficiente para sospechar una sedición o un proyecto de golpe.

          Su ley fundamental era la ley del pensamiento único. Nadie tenía derecho para pensar… diversamente de lo que dictaminaban ellos.

        Cuando las cosas no funcionaban, decían: «vamos mejor que nunca».

        Cuando se les hacía alguna crítica, fundada o no, respondían: «nos atacan, somos víctimas de una campaña de desprestigio».

        Cuando proporcionaban estadísticas, todo estaba editado, los números completamente dibujados: agrandados los de los éxitos, disminuidos lo de los «fracasos» –si es que aparecían–.

        Procuraban denodadamente hacer creer a todos que, gracias a ellos, a su impresionante capacidad de conducción, vivían en un paraíso –mientras que, en realidad, vivían en cualquier otra cosa–. ¡Qué sería del destino de todos si ellos no estuvieran!

        No enseñaban, sino que adoctrinaban. No formaban: disciplinaban.

        Distribuían discrecionalmente la pauta oficial para todo aquel que promoviese de manera incondicional las iniciativas del gobierno. Sobre todo para todo aquel que promoviese la figura de «él». El primer mandamiento era defender y promover su figura: la tergiversación, la restricción mental fácil e inmediata y, eventualmente, la mentira eran medios perfectamente válidos.

        Se acercaban las nuevas elecciones. Y preveían un triunfo nuevamente descomunal.

 §§§

        No. No estamos hablando de los Kirchner. Esas elecciones ya pasaron.

Jeremias von Andria

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7 pensamientos en “Elecciones

  1. Dice la leyenda que un quidam (EDITADO) en unas elecciones de los ’90 habria dicho: “nuestro candidato es ‘x’ y si alguno quiere votar diferente debe dar razones ” !!
    … Y parece que la historia se repite… Cada tanto …

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  2. En la guerra todo vale decía el Infalible y le mandaba a afanar los documentos al supervisor enviado por la gestión universal de empresas…
    Y cuando se juntaban para renovar el gabinete: bajaban la voz de mando…cioe la lista…
    Pa elegir vio…

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  3. Pura realidad. En una de esas elecciones un provincial amigo de los eternos se acercó a un par de capitulares -cinco minutos antes del proceso de elección- y les espetó: “¿Saben por quien hay que votar, no?”, para dar especificarles a continuación los nombres que “había que votar”. Preguntado de dónde venían los datos (la orden), el emisario respondió: “de eterno 4”.

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  4. “IUXTA MURMURATIO”…..en asambleas o capítulos, dicen te abordaba no un eterno pero sí un “inmortal” (peligrosísimos por aspirar desordenadamente a la eternidad o muy acostumbrados a los “status quo” como en Tierra Santa)….y aconsejaba votar en tal orden previa aclaración que eras libre para votar como quisieras….sin embargo los resultados eran exactos a los dados….habían bajado línea….usaban amigos para abordar a otros amigos….en fin la amistad tan criticada bajo el eufemismo de “amistades particulares” y vistas como desordenadas fueron tan valoradas y tenidas en cuenta por los eternos para tiempos de elecciones generales….Todo lo que se oponía a la “iuxta murmuratio oficial” caía bajo la especificidad aniquilante del “MAL ESPÍRITU”…..una especie de “sensus eclesiae” institucional.

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  5. Como en una de los últimos capítulos generales en donde “Él” públicamente alababa a su “directorio general de lujo” y ellos – los eternos – en privado decían como number 1 hay que votarlo a “él”, eso sin dudar… mutuo bombo que le dicen.

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