No lo puedo creer

infiernoAño 2017. En un bar cualquiera de Buenos Aires:

-¡Son los gorilas!¡Es la corporación judicial!¡Es la SIDE!¡Es una conspiración de la CIA!¡No lo puedo creer!

Una y otra vez levantaba el Clarín de la mesa del bar, como si en una de las veces que levantase el diario alguna fuerza mágica pudiese hacer desaparecer los titulares:

¡CRISTINA KIRCHNER CONDENADA A 20 AÑOS DE CÁRCEL POR CORRUPCIÓN!

-¡No lo puedo creer!¡No lo puedo creer!- Repetía letánicamente Gabriel, un creyente sincero de la Cámpora que nunca había recibido nada a contracambio de su más sincera devoción al movimiento.

Se levantó medio boleado de la mesa del bar y lánguido se dirigió hacia la puerta, cuando vio sentado en una esquina a Ethien, su antiguo psicólogo que parecía disfrutar mirando la tapa del mismo diario y un cortado mediano ya frío.

Un poco enojado, otro poco con ganas de encontrar una explicación a lo sucedido, le preguntó a Ethien si se podía sentar con él.

Sorprendido Ethien le espetó un “Sí, por supuesto”, sin saber que en la próxima hora se habría de arrepentir de su oferta.

Comenzó el calvario, Gabriel, con una catarata diarréica de argumentos necesitaba convencer a alguien que Cristina era inocente. La cantidad de argumentos llenaba su cabeza y le hacía sentir que tenía razón. La cara agobiada del psicólogo y las pocas ganas de responder que tenía el ya desencajado Ethien también le hacían creer que tenía razón. Quería hacer muchas cosas para comprobarse a sí mismo que tenía razón. Argumentaba, razonaba, discutía, en un desorden y en una vorágine que pretendían atropellar a su interlocutor, y con cada empujón dialéctico sentía algún nivel de alivio interior.

Sin embargo, toda la magia de las sensaciones que él mismo se creaba caía por tierra cuando al modo de una erupción irrefrenable surgía de sus labios la ingastable letanía: ¡No lo puedo creer!

Ethien no podía más, ya no sabía como pararlo, ni siquiera como zafar, aun con toda su experiencia de años de consultorio y de manejar borders y quasi psicóticos, ahora no sabía que hacer, tal vez el contexto no ayudaba, se paró y sentenció, sin siquiera saber si era adecuado hacerlo: -Estás enfermo Gabriel, necesitás ayuda…

Y sin perder más tiempo salió apresurado del bar.

Pobre pibe, se decía mientras caminaba hacia su departamento. La ideología es como la droga, un vicio o patología adquiridos con el concurso de la voluntad.

Todos estos años no había QUERIDO ver las señales de corrupción, ahora simplemente no podía, estaba poseído por un automatismo: “La culpa la tiene todo aquel que no pertenece a nuestro grupo”, y aun dentro de nuestro grupo algunos pertenecen más que otros, los que menos pertenecen algún nivel de culpa deben tener, si fuese posible sería interesante hacer una lista…

Pobre pibe, se repitió Ethien, fue apagando la luz de la realidad y la luz de su consciencia de a poco, a fuerza de re-re-re-reinterpretar todo, de buscar el culpable afuera, de demonizar a todo outsider. Ya no puede volver atrás. Ha invertido demasiado estructurando su identidad en función de la pertenencia, era de los primeros camporistas, ya son más de 25 años (licencia literaria para salirse un segundo de la metáfora) invertidos en pertenecer, y se decía: ¿qué será de TODA mi identidad si Cristina es una corrupta? ¿Qué puto sentido tiene este grupo si el más profundo de sus pilares está tan podrido que ya solo las más abominables alimañas habitan en él?¿Habría que inventar alguna especie de razonamiento teológico mágico de una gracia que envía Néstor desde el cielo, y que se vehiculó mágicamente por medio de la voluntad de la pervertida y psicopatona para poder fundar la pertenencia?

Pobre pibe, se repitió por enésima vez Ethien, pobre pibe, se ha fraguado a sí mismo en pertenecer a eso, ya no puede ni pensar, toda su identidad y una pila de años consagrados a eso estarían en riesgo, no puede concebir tener que reconstruirse de nuevo. Pobre pibe, no hay modo que vea la luz, no lo PUEDE creer. Es una ley física, la energía que insume un proceso es directamente proporcional a la energía que insume desandar ese mismo proceso. Mucho más en la construcción de una identidad, en la construcción de una identidad no hay una energía inerte y sin consecuencias, como en la física, aunque mucha, que va de un lado al otro. No, no es lo mismo, en este proceso además de la energía están los años, el tiempo, que es un recurso irreversiblemente usado, ya no vuelve más, y son tantos años, tantos.

Ethien iba absorto en estos pensamientos cuando vio a Gabriel cruzar la esquina hacia la cual se dirigía. Esto lo sorprendió, no había modo que se le hubiese adelantado, a menos que hubiera corrido, pero esto era irrelevante, al verlo cruzar hecho prácticamente un zombi, lo invadió un sentimiento de culpa, se sintió mal por haberle disparado que “estaba enfermo”, no está muy bien que un sicólogo diga eso de esa forma y en ese lugar, ¿lo habré usado como un arma? Se preguntaba con remordimiento Ethien.

Apuró el paso para alcanzarlo a Gabriel y ver qué le podía decir, tratar de ensayar algún discurso que aliviase su interior. Cuando ya estaba a punto de tocarle el hombro por atrás lo sintió musitar una y otra vez:

-No lo puedo creer, no lo puedo creer, no lo puedo creer.

Se dispuso a detenerlo pero esta vez algo le congeló el alma y ya no pudo más que dejarlo ir, el sonido que paralizó hasta su última célula había cambiando, ahora rezaba así:

-No lo quiero creer, no lo quiero creer, no lo quiero creer…

Si hubiera sabido teología Ethien podría haberse explicado el por qué tan simples palabras le hacían sentir una aterradora experiencia que lo habían convertido en un dislocado torrente de escalofriantes espasmos. Si hubiera sabido teología podría haber entendido por qué no podía sacarse de la cabeza una pintura del infierno de Boticelli. Si hubiera sabido teología…

El Escéptico

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2 pensamientos en “No lo puedo creer

  1. 1Pe 1, 22-23

    Por la obediencia a la verdad habéis purificado vuestras almas para un amor fraternal no fingido; amaos, pues, con intensidad y muy cordialmente unos a otros, como quienes han sido engendrados no de semilla corruptible, sino incorruptible, por la palabra viva y permanente de Dios.

    Todo amor fraternal no fingido esta unido a la obediencia a la verdad…

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