El status quo de los sacerdotes de Moloch

–Otra historia que nunca ocurrió–

«Si el pueblo de la tierra cierra los ojos ante ese hombre que entregó uno de sus hijos a Moloch, y no le da muerte, yo mismo volveré mi rostro contra ese hombre y contra su familia, y lo exterminaré de entre su pueblo, a él y a todos los que como él se prostituyan tras Moloch» (Lev 20,3-4).

 moloch

            Había fundado una sociedad filantrópica de beneficencia universal. Cada vez ingresaban más miembros y los éxitos rotundos se sucedían inapelablemente, uno tras otro. Para garantizar el funcionamiento de la estructura, había conformado una comisión directiva, llamada «los eternos»: un grupo de ancianos que gestionaba todo, sin dejar nada fuera de control. Él se iba a dedicar a predicar.

            El consejo de ancianos tenía muy en claro que la buena fama de la institución se debía, en gran parte, a la prédica magnética de quien le había dado origen. Para ayudarlo, los eternos decidieron suministrarle, de ahora en más oficialmente (porque siempre había sido así, pero ahora se trataba de una función oficial), un grupo de secretarios, normalmente jovencitos apuestos, que trabajase para él de manera exclusiva. Ellos escribían y él predicaba. Su originalidad era el énfasis.

            Pero, claro, su palabra tenía un precio. El precio era algún que otro jovencito. Cada tanto, una satisfacción perversa el Irreprochable tenía derecho de procurársela. ¡Qué va, hombre! Si tampoco era para tanto… Los ancianos sabían que esto sucedía con relativa frecuencia y se prolongaba a lo largo de los años. Pero siguieron impunemente suministrándole jovencitos. Era el status quo. Lo que fuera: bastaba como pago que siguiera deleitándolos con su palabra y se mantuviese el prestigio de la institución.

            La pregunta que quedaba siempre sin respuesta era: ¿cómo puede una sociedad filantrópica de beneficencia seguir considerándose una sociedad filantrópica de beneficencia si para mantenerse paga el precio de realizar sacrificios humanos?

            Pero era el status quo. Y valía todo: lo que fuera, con tal de contar con el beneficio de la palabra del Irreprochable. Así fue que los eternos procuraban alimentar la buena imagen del ídolo, valiéndose de distintos canales para generar devoción en los integrantes de la institución –en sus dos ámbitos, femenino y masculino–, organizando visitas, procesiones, peregrinaciones, congresos, cursos de predicaciones, y otras cosas por el estilo.

            Cuando algún jovencito, superando un sinfín de dolores y barreras psicológicas intentaba hablar con alguno de los eternos, se hallaba con respuestas que se reducían fundamentalmente a cuatro tipos, dadas por separado o todas juntas o unidas entre dos o tres de ellas, según la conveniencia del caso y seleccionadas hábilmente según el tipo de interlocutor:

                        1) que se trataba de una debilidad humana y de un caso aislado, que no le diese mayor trascendencia ni importancia, que diese vuelta la página y siguiese adelante;

                        2) que no había pruebas, que era palabra contra palabra;

                        3) que había entendido mal una demostración de afecto paterno;

                        4) que no fuese de mentalidad negativa, que no se quedase en las cosas feas y que elevase la mirada y viese todo lo bueno que había hecho y estaba haciendo el fundador.


            Era Moloch.

            Y ellos eran los miserables y degenerados sacerdotes de Moloch.

Jeremias von Andria

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6 pensamientos en “El status quo de los sacerdotes de Moloch

  1. “…es que fulano es muy impresionable…”
    “…mengano no entiende las caricias de un abuelo…”
    “…el Irreprochable siempre fue muy cariñoso…”
    “…un comportamiento así del Irreprochable habría que ver si no se debe a la mezcla del alcohol con las fuertes medicinas que consume…”
    “…el escándalo que sería si esto se supiera…”
    “… yo pasé toda una noche con el Irreprochable en el bosque y no me pasó nada…”
    “…está primero el bien del todo…” (así que si te pasó algo así… mala suerte!)
    “etc, etc…”

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  2. Lo peor de este asunto es cuando después los “eternos” publican entre sus seguidores listas de sacerdotes peligrosos. En esa lista aparecen algunos que sufrieron “expresiones de afecto” del “abuelito alcoholico”. La historia de la casta Susana se repite. Te intentan abusar y después te mandan al paredon. ..

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  3. Y aún màs. .. Hace poco el sucesor de este abuelito enfermo mando un mail diciendo: “lamentablemente hay quienes se dedican a “hacer apostolado” entre nuestros religiosos”. Parece el Agente de la pelicula Matrix, que era un Androide que “no quería que los seres humanos se despierten ” ), no sea que conozcan la verdad y no tengamos mas dominio sobre sus conciencias.

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