Desobedientes (II)

verdagDesobedientes (II)

–Otra historia que sí ocurrió–

–Tomado de L. Castellani, El ruiseñor fusilado, cap. 15: ¿Y si tenían razón?–

    ¿Y si tenían razón los otros? Hemos tomado la defensa de Verdaguer, porque es tiempo de hacerla en serio en este cincuentenario de su muerte.

    Pero no somos tan tupidos o apasionados que no tengamos presente la exhortación de Oliver Cromwell a sus soldados: “¡En nombre de Dios y por la fe en el Omnipotente, os ruego que penséis algunas veces que podéis estar equivocados!.

    Supongamos, pues, que “los otros tenían razón”.

    Supongamos que Verdaguer realmente quería hacer lo que se le antojara; que se substraía por capricho al gobierno eclesiástico; que era impresionable e influenciable, y que cedió más a las malas que a las buenas influencias; que fascinado por el ideal de “su obra”, no vio que había otras cosas además en este mundo; que comprometía con su conducta a sus cofrades en el sacerdocio; que embebido en la estética, no estudió bastante las otras disciplinas racionales de la carrera sacerdotal, que hubiesen puesto más peso en su vida y más volumen en su obra; que fue terco e impulsivo; que fue arrebatado y demasiado receloso; que fue, en fin … un loco del diablo, como le achacaron sus buenos padres y hermanos…

    “Jacinto Verdaguer es un sabio: pero es tan descentrado” – decía el Padre Goberna, s.j.

    Aun en esa suposición, Jacinto Verdaguer… se llamaba Jacinto Verdaguer.

    Apresurémonos a decir que los hechos no apoyan en nada esa suposición; al contrario. Pero suponiendo por mera dialéctica que la apoyaran, todavía las conclusiones no serían las que sacaban sus encarnizados vulgares perseguidores. (…)

    [A]un suponiendo verdaderos contra toda prueba los defectos que le achacaron, serían defectos; y lo que se hizo contra él, fueron crímenes. (…)

    El crimen más grande de Verdaguer fue venir de La Gleva a Barcelona sin permiso. El sostuvo que no había venido sin permiso, y sostuvo bien: el Obispo lo había enviado a La Gleva a reponerse; él halló que La Gleva lo enfermaba: interpretó, pues, la intención del Superior volviendo a Barcelona. Si la intención real del Magnate no era ésa, que se embrome; para qué miente. Él lo dijo así. Al buey por el asta y al hombre por la palabra. Permiso interpretativo llaman los casuistas a este permiso.

    Un hombre atacado de “neurosis de situación”, salir de la patógena “situación”, ¡eso es un crimen!

    Ese es un mérito delante de Dios y un deber estricto, idiotas. La suspensión de Verdaguer fue anticanónica y nula.

    De modo que con razón el poeta en su carta núm. 16 alega: “Yo no estoy válidamente suspendido. Si no digo Misa es por respeto a la disciplina y por ahorrar mayores males. Dice Scavini, y con él todos los moralistas, que una suspensión supone un pecado mortal, porque tal castigo no se puede dar sino por un verdadero delito. Lo que he hecho no es delito”.

    Lo mismo dice, por cierto, el Concilio de Trento. No había tal lucha “entre la religión y la poesía”, como dijo el zoquete de Bufarull: el verdadero vir religiosus allí era el poeta. Era él quien sustentaba realmente la disciplina eclesiástica; era él quien sostenía sobre sus hombros endebles la Jerarquía real, comprometida por la miopez de una jerarquía indisciplinada, por mandones incapaces de respetar y aun de percibir la jerarquía natural de las cosas, y la ley natural amenazada de muerte por los enanos con zancos.

Bartolomé Paz

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Un pensamiento en “Desobedientes (II)

  1. Pues como va a pensar que podemos estar equivocados Don Cromwell! Dios da al superior (para que cumpla su deber de estado) todas las gracias necesarias para que cumpla su función y no equivocarse. Dios le da la gracia de ser infalible en cierta manera o en toda…
    Y cuando las cosas salen mal (entre otras otras por ser propio de la condición humana…) se aplica el agere contra ignaciano (la version criolla de “a mi no me van a ganar”), y entonces se destruye la realidad a piacere proprio, porque finalmente no es uno el que debe adaptarse a la realidad sino que uno “manipula” la realidad.
    Una vez me dijo un Supremo:”no hay pecado estructurales en nosotros, solo personales, nuestra estructura nunca peca!”…y esto lo tengo por escrito…! (obviamente que los pecados personales a los que se refería era “de los otros” no “de ellos”…)
    En el orden natural alguien dijo:” L’Etat, c’est moi”. ellos dicen “yo soy la voz de Dios, obedece y no te vas a equivocar”, de allí que no es posible que nos equivoquemos… hasta que (obviamente) la misma realidad los atropella. y aun así “nunca lo van a aceptar”. Es el pecado contra el Espíritu Santo, se han hecho “dominadores de la heredad de Dios”:

    A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a descubrirse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios a vuestro cargo, gobernándolo, no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere, no por sórdida ganancia, sino con generosidad, no como dominadores sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y, cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita. 1Pe 5, 1-4

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