Parábola quinta (P. Leonardo Castellani)

Llegó, por fin, el fin de mi agria suerte.
Mañana tarde moriré. Estoy cierto.
Hoy ya he sentido el ala de la muerte
Y ya me siento casi olor de muerto.

Mi violín hará pausa en plena fiesta,
Me tirará la manga el compañero:
¡Tercer violín segunda fila orquesta!–
Caerá el violín, el arco y el arquero.

Ridi, pagliaccio! Piccola tragedia!
Ignora el vulgo vil nuestros cadalsos.
Dirán algunos que morí de inedia
Y he muerto a fuerza de oír acordes falsos.

El que una nota falsa pueda herir
De muerte a un pobre músico... Eso es loco.
¿A quién podré escribiendo persuadir
que un hombre cuerdo muera por tan poco?

Empezó hace tres meses. Un chirrido
Oí feroz, que no era la ni sí.
Miré atrás. El Doctor no había oído,
No había oído y me miraba a mí.

Entonces empezó la zarabanda
O no tocaba yo o tocaba bien
Estaba solo en medio de una banda
Y a todo había que decir Amén.
 
Todo esto es ¡ay! de la ambición el fruto.
Valses y tangos para gente joven
Hacíamos. El Director, que es bruto,
Va y se mete con Bach y con Beethoven.

Metidos a hacer música de cámara
Creció horrible la desafinación.
Me hacía mal de una manera bárbara
Y me empezó a fallar el corazón.

Conjuré al Director que se calibre,
Me multó y despidió con una lata.
El Estatuto del Estado Libre
Prohíbe en junio cambio de contrata.

Mis hijos comen de esto. Por un triste
Año –me dije– bien podré aguantar...
Me equivoqué. Mi cuerpo no resiste.
Llegó el momento ¡oh Dios! de reventar.

Pues con un alfiler, matar es dable
A un hombre, y no con mil y mil pinchazos,
Con uno repetido es peor que un sable
Siempre en el mismo punto de los brazos.

Se enconan las heridas y hay un nervio
Que la espera más tenso cada vez.
Me trataron de indómito y soberbio
Y a tocar me obligaron al revés.

«Un músico que no era un Liszt tampoco
megalómano halló una muerte cruda.
El hombre era evidentemente loco
Y que es suya la culpa ¿quién lo duda?».

Se me castiga por tener talento,
Cosa que es Dios, no yo, quien ha querido.
Culpa mía no es mi entendimiento–
Me culpan porque tengo buen oído.

¿Y quién me enseñó estilo y armonía?
El mismo Director. Él la enseñaba.
Él la enseñaba, sí; yo la vivía
Y en ella el alma se me ensimismaba.

Ritmo que eres Verdad, Vida, Belleza,
Justicia y Orden, pocos te perciben.
Vive por ti toda naturaleza;
Pero pocos, poquísimos, te viven.

Todos te ven en el verano plomo
Cuando a tu sombra alivian sus congojas.
Aun en invierno yo te veo, como
Las agujas de un plátano sin hojas.

Quizá desciendo de esos hombres viejos
Que en sus cuevas pintaron animales,
Después ánforas, dioses y azulejos
Y después construyeron catedrales.

Hada Armonía, ley de todo ser,
Que una mañana absorta de mi infancia
Te vi y te quise más que a una mujer.
Mi reina, mi alimento y mi fragancia.

Que desde el astro rey a los gusanos
Todo gesto acompasas y modulas.
Mociones mides, órbitas regulas
Y el mundo riges de un pulsar de manos.

Batir vital que con eterna norma
Riges la música del corazón.
Danzas del escultor la esbelta forma
Y al sabio brindas la contemplación.

¿Por qué te conocí? ¿Por qué viniste
a mí, pobre muchacho de la Pampa,
levantando a tu beso el alma triste
para hacerme caer en esta trampa?

Mi sufrir es secreto y no es decible
Y al no salir del vaso, rompe el vaso.
Ni mi mujer escucha ya. Impasible
Se echa a reír y dice: No hagas caso.

No me es posible ya nacer de nuevo,
No me es posible ya volver atrás:
Ponzoña se volvió el agua que bebo,
Y yo me muero de sed y bebo más.

Hoy, pues, se desenlaza el drama humilde
De un músico en el fondo de la balsa–
Haré mi parte sin faltar un tilde,
Mi vida no será una nota falsa.

Se ríe de mi honor el filisteo.
Un turista no entiende la nostalgia.
Que un músico se muera de solfeo
Es como un hombre que se muera de álgebra.

A la Armonía y al que la ha creado,
Que no conozco pero sé que existe,
Hoy en mi última noche resignado
Brindo la copa de mi sangre triste.

¿Por qué la vida me asestó esta herida?
Yo no lo sé. Ya terminé mi parte.
Algunos hacen arte con la vida
Pero yo hacía vida con el arte.

Y me entrego a la noche escalofriante
Con paso firme y corazón que llora–
No me arrepiento de haber ido avante
Aunque caí en la noche destructora.

Con la vaga esperanza de una aurora.


Roma-Manresa, 1947.
 

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5 pensamientos en “Parábola quinta (P. Leonardo Castellani)

  1. DIOS MIO !!!
    QUE GENIO TENÍAMOS CON NOSOTROS Y NO NOS DIMOS CUENTA.

    SEÑOR !!! , PERDÓNANOS POR HABERLO IGNORADO.

    LOOR A JUAN MANUEL DE PRADA, UN GRANDE DE LAS LETRAS, QUE HOY MISMO
    ESTÁ REIVINDICANDO EN ESPAÑA AL QUERIDO PADRE LEONARDO CASTELLANI
    CONTEMPOMI.

    ¿PORQUÉ NADIE DE NUESTRA IGLESIA SE DEDICA A LA REEDICIÓN IMPECABLE
    DE LA OBRA COMPLETA DE LEONARDO CASTELLANI? ¿SERÁ POR MEDIOCRIDAD?
    ¿SERÁ POR ENVIDIA? ¿SERÁ POR MIOPÍA?

    QUE EL DIOS DE LOS EJÉRCITOS, NOS PERDONE.

    AMEN

    EL AQUINATE ESTAGIRITA.

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  2. Lo más horroroso de este poema desgarrador es la fecha: ¡1947! A Castellani todavía le quedaban por delante más de treinta años de negrura y muerte lenta.

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  3. Profetico y consolador. Quizas Dios pida eso: dejar “la ultima esperanza a un lado”… quien lo sabe?

    LAS DECIMAS DEL SILENCIO:
    L.Castellani. L.Oraciones.393.

    Mi mal tomó condición
    de desesperado asedio
    si lo callo, no hay remedio
    si lo cuento, no hay perdón.
    A callar pues corazón
    y que la fe lo digiera
    pues la pena echada fuera
    se pudre, y echada al centro
    limpia el corazón adentro
    como una fiera salmuera.

    Sé generoso de todo
    menos del propio dolor:
    deso hay que ser guardador
    y avaro en supremo modo
    movido se vuelve lodo
    quieto se vuelve argentino
    es tu tesoro divino
    que nadie puede robar
    pues cuando está quieto el mar
    lo visten de azul marino.

    Te has quejado demasiado
    y a muchos, y tu castigo
    ha sido el tedioso amigo
    y el consolador frustrado.
    ;Ay tengo sed! y te han dado
    vinagre y jamás dan más,
    el vino solo obtendrás
    de Dios, cuando Dios te encuentre
    solo: y digiera tu vientre
    las dos onzas de aguarrás.

    Antes de ser aceptada
    la muerte es muerte, después
    no sé lo que pasa, no es
    ya muerte, es vida pasada…
    Todo lo pasado es nada.
    La sangre es nuevo bautismo
    si te parece un abismo
    tu mal, no le dejes que hable:
    del dolor lo insoportable
    es lo que pone uno mismo.

    Dolor que ya reverencio
    envuélveme como una
    tumba que fuera cuna
    en sudario de silencio.
    Que me valga San Crescencio
    santo de mi natalicio.

    Yo ordenaré mi estropicio
    como un buen rompecabezas:
    he visto brotar cerezas
    de un montón de desperdicio.

    Y si tienes que dejar
    la última esperanza a un lado
    es fácil morir callado
    cuando es inútil hablar…
    Es más fácil expresar
    su ser en un comedido
    gesto de león herido
    que se tumba con desdén
    que andar y explicarse a quien
    nos odia y nos ha…fundido…

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  4. inspirado por el genial y cristianísimo padre Castellani les dejo esta poesía hermosísima y sentida del siglo XVII o XVIII

    ECLIPSE DEL SOL EN LA MUERTE DEL REDENTOR

    Estaba el sol entonces coronado
    De largas puntas de diamantes finos,
    Y, en medio de su curso levantado,
    Los montes abrasaban Palestinos.
    Miguel, viendo a su Dios crucificado,
    Desnudo ante los bárbaros indignos.
    Con hidalga vergüenza y noble celo
    Baja del cielo empíreo al cuarto cielo:

    Y a los fuertes caballos rutilantes
    Que echaban fuego por las bocas de oro,
    Las ruedas volteando coruscantes
    Que dan al mundo nuevo gran tesoro;
    Los encendidos frenos radiantes,
    Sin guardar al planeta más decoro,
    Asía con la una mano valerosa,
    Y con otra la maquina espantosa.

    Y el carro así parado, alzó los ojos
    Al sol, que con mil ojos le miraba,
    Y fulminando por la vista enojos.
    El fin de sus intentos aguardaba:
    Abriendo, pues, Miguel sus labios rojos,
    Con voz le dijo resonante y brava,
    Increpando al planeta excelsamente,
    Porque daba su luz resplandeciente:

    “¿Es posible inmortal, noble criatura,
    Que miras a tu Dios en cruz desnudo,
    Y ofreces luz a aquella gente dura
    Que sin miedo en la cruz ponerlo pudo?
    Cubra tu clara faz de noche oscura.
    Con razón fiera y con verdad sañudo,
    Desate el mundo así sus gruesas nieblas,
    Y a su Creador conozca en tus tinieblas.

    Dijo y el sol avergonzado luego,
    Sus rayos en sí propios recogidos,
    Negó su bella lumbre al mundo ciego
    Por dejar a los hombres confundidos:
    Espantóse el romano, admiró al griego,
    Ambos en esta ciencia esclarecidos,
    Ver un eclipse tal, y el crudo hebreo
    Se quedó pertinaz en su deseo.

    Fray diego de Ojeda

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